miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sueños y pesadillas, de Dalia Rosetti

1.
Este me lo regaló Manu por mi cumple. Me gustó, la pasé bien. Es así como que bien rarísimo, una aventura de una chica que se llama como la autora (o sea como el pseudónimo de la escritora: Dalia Rosetti es en realidad la artista plástica Fernanda Laguna), que empieza en un baile de un colegio católico teniendo sexo con una chica de otro colegio y rápidamente pasa (a través de una chimenea) a un castillo medieval imposible, poblado de santas como las de yeso pero de carne y hueso, en un mundo de nombre Yotemia. Hay magia y hay absurdo. La aventura por momentos sigue un relato lógico, por momentos abandona las cosas para pasar a otras que nada que ver. Juegan el humor, el deseo lésbico, la poesía y la pavada en partes iguales e igualmente importantes. 

2.
Agarro una cita al azar, comienzo de capítulo cuatro, "Conocer a quién admirás":
Mi nombre es Dalia Coraje. No he nacido ni para la oración ni para la mortificación, y a la vez es lo que me sale por eso tengo tan buena reputación entre las santas. Santa Teresita, tan linda... recuerdo su rostro sexual, mirando a cámara, mirando a Dios, mirando a todos. La cámara infinita que todo lo incita y ella, una santa que se negó a todo para entregar una imagen perfecta de sí misma, a las heraldas de la pasión. Ejércitos de velas a sus pies. Encendidas las llamas del deseo. Y yo la tuve entre mis manos ya sea de yeso, ya sea de lo que fuera. La textura suave y dura de su ropaje. Mil veces quise levantarle con mis ojos su túnica cónica. No era sexo lo que yo pretendía... era amor. Era el amor perfecto de Dios a través de su santidad sexuada. Oh... Señor, tu sierva. Sólo quiero ser feliz, perfecta y dulce. Ella lo sabe y por eso es santa. Dios es el mal necesario para que sea posible su belleza. Y ahora ella aquí, parte de mi sueño real. El mal hecho carne para que la bondad sea conquistada.
Da una muestra del tono de la novela, que de todos modos es cambiante como la narración misma. Unos capítulos después de las santas, el castillo queda atrás, nos vamos a cualquier otro lado, a un bar en una ciudad balnearia donde una mafia corta pelo... en fin. Es un libro raro, muy divertido, muy lesbiano, muy ingenioso, imposible de contar siguiendo la trama (me doy cuenta ahora, escribiendo esta reseña), del que ahora (la estoy escribiendo meses después de leerlo) me quedan imagenes, escenas inconexas, bastante más que con otros libros. Banco.