lunes, 9 de mayo de 2016

Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez

1.
Hace un par de años cursé Historia Argentina III (o sea, siglo XX) y tuve a un profesor de teórico práctico de esos que son divertidos porque les cabe el chisme histórico, "tal jugaba con tal al polo y por eso lo nombró su segundo en el Escuadrón tal, y después cuando fue presidente blablabla...". Me encantan esos profesores. Bueno, en su momento leí por recomendación suya La novela de Perón, de la que gocé como un cerdo peronista bibliófilo e historiador. Me acuerdo que en esa clase, llegados al año '52 del devenir de nuestra historia patria, el profesor entró en detalle en relación con el embalsamamiento de Evita por parte del doctor Ara, a expensas del General, y yo me pregunté por qué Perón habría decidido hacer eso. Los motivos son aprehensibles: el deseo de generar un culto a Eva, una forma de la recordación; pero no explican cómo Perón obvió el hecho de que en Argentina no solemos embalsamar a la gente, es raro, es medio asqueroso. La Argentina de los '50s no era la Rusia de los '20s en que se embalsama a Lenin, por ejemplo. ¿A nadie le pareció perturbador que en vez de darle cristiana sepultura a Evita, se la embalsamara? Digo, a los propios peronistas de la época misma, ¿no les habrá parecido medio fuera de lugar? El profesor no supo responderme.

2.
Santa Evita (1995) es una novela de ficción basada en hechos reales, en la que el escritor y periodista Tomás Eloy Martínez (1934-2010) narra, desde distintos puntos de vista (la propia Eva, el doctor Ara, el coronel responsable de esconder el cuerpo después del golpe, la madre de Eva, el propio Tomás Eloy, entre otros) la historia de María Eva Duarte de Perón en sus últimos momentos, y más luego la de sus restos fúnebres, que como es de público conocimiento tuvieron un devenir movidito que incluyó el embalsamamiento, los traslados continuos de camposanto a los que los sometieron los milicos después del golpe del '55, viajes interocéanicos, épocas de desaparición, reaparición, profanación, generándose un mito que se vio plasmado hace ya tiempo en el cuento de Rodolfo Walsh de 1966 "Esa mujer" (el cuento y su autor son parte del relato en Santa Evita) y hace poco en la película de módico éxito (a mí me gustó mucho, y eso que la vi en un avión: es que está Denis Lavant!) Eva no duerme.

3.
El libro es un golazo, se lee super rápido para sus casi 400 páginas (varias menos que La novela de Perón) porque es lo que se suele llamar "atrapante", tiene grandes momentos poéticos, personajes interesantes y los hechos en los que se basa que son increíbles. Tan increíbles que me resultó muy difícil darme cuenta qué parte es ficción pura y qué parte no. Por ejemplo: en determinado momento Tomás Eloy narra algunos relatos de personas que durante la enfermedad de Evita hicieron promesas religiosas (caminar varias provincias, permanecer de pie por días, esas cosas) para buscar la curación de la señora: los relatos son completamente inverosímiles, casi imposibles, y sin embargo resulta que están recogidos de la prensa de la época (que no significa que hayan ocurrido, pero tampoco salen de la imaginación de Martínez). Esa incomodidad entre la realidad histórica y la ficción histórica fue parte de mi goce estético, espero que sea del de ustedes también, buenas noches.