lunes, 28 de noviembre de 2016

La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq

1.
Dicen que es malo, dicen que es largo y difícil de terminar, dicen que no se entiende nada. Releo ahora el comienzo del libro, antes de que empiece la Primera parte. Hay una frase, después de tres carillas de párrafos inentendibles: "No quiero manteneros fuera de este libro; sois, vivos o muertos, lectores". La cursiva es del original. La cuestión es que Michel es capo: lo que no se entiende al comienzo se vuelve pristino cuando se tienen las claves necesarias, bastante avanzada la lectura. Hay que ponerse las botas y entrarle a La posibilidad de una isla, con confianza en que Houellebecq no te va a dejar en la estacada, que todo o casi tiene un porqué. 

2.
La posibilidad de una isla no es ni malo ni difícil de entender, es por el contrario excelente (aunque no el mejor, sin duda tampoco es el peor, que sigue siendo Lanzarote), y es largo (el más largo de M.H., 439 p.) pero si te enganchás no querés que se termine. Obvio, no es para cualquiera. Muchos pueden perder el interés y dejarlo a las cien páginas. Pero hay que saber que Michel siempre paga.

3.
Esta es quizás la novela más de ciencia ficción de todas. Igual que en Las partículas elementales, El mapa y el territorio o incluso Sumisión, la historia comienza en la Francia contemporánea, y a medida que se interna en el futuro van apareciendo los elementos de ciencia ficción. En este caso, la narración sucede en dos tiempos: el presente, narrado en primera persona por Daniel 1, y el futuro muy remoto, narrado en primera persona por Daniel 24, clon en vigésimo cuarta generación de Daniel 1. No es spoiler contar este detalle, que hace la diferencia con los otros abordajes de la sci fi que hace Houellebecq.  Daniel 24 escribe porque tiene que leer y comentar (es costumbre, obligación religiosa y forma de terapia en el futuro de Daniel 24) la "historia de vida" de su antecesor originario, Daniel 1. Lo mismo hacen en el futuro todos los clones con las historias de vida de sus antecesores respectivos. Entonces, como nuestro punto de vista como lectores es el de estos dos narradores, tenemos que esperar las pistas que se nos van ofreciendo, o el desarrollo de los acontecimientos, para entender cómo llegamos del 1 al 24. Cómo llegó la humanidad a una forma de la vida eterna. Pero al mismo tiempo, como suele suceder en Houellebecq y por eso lo amo, lo épico sublime mindblowing coexiste en el mismo grado de importancia con lo patético cotidiano, lo obsceno y lo triste. En Daniel 1 hay capítulos que son casi que sólamente pornográficos, aunque eso también tenga una función en el relato (Houellebecq, manipulador del lector). Incluso, en el relato de Daniel 1, Houellebecq se toma su tiempo y un poco más quizás para llegar a donde quiere llegar, para llegar de la novela sobre un tipo deprimido que a veces coje y a veces no (otra vez esa novela) a la novela sobre la vida eterna, y por eso digo que no me sorprende que muchos la abandonen incluso habiendo leído arriba de las cien páginas. Pero eso es también parte del encanto. En esta novela, la longitud juega como un elemento más de afección al lector. No sé simesplico.

4.
Una cosa más. Creo que en ningún otro libro como en este Houellebecq fue más políticamente incorrecto, con respecto a las mujeres, con respecto a las religiones (en este libro sí es, inconfundiblemente, islamofóbico) y no me acuerdo con respecto a qué más. Llega a pasarse un poco de la raya, sin llegar a pegar la vuelta. En su defensa sólo puedo decir que este libro es del 2005, y que como ya comentamos en la reseña de Sumisión después como que pensó un poco más, leyó el Corán, y dejó de ser tan imbécil.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Orden y progresismo: los años kirchneristas, de Martín Rodríguez

1.
Mi columnista político favorito del momento, Martín Rodríguez, que también es poeta y del que ya hablamos en esta otra reseña. En este momento escribe en Panamá Revista, en La Política Online, en Le Monde diplomatique y en su cuenta de twitter.  

2.
Hace poco asistí a una clase de Nicolás Prividera (académico y director de cine, a quien admiro fuerte, como consta en esta reseña de su desconocido libro de poesía Restos de restos), y Prividera hablando de cine argentino, explicaba que hay películas que en el momento de su aparición parecen parteaguas en la filmografía nacional, todo el mundo las ve, o habla de ellas: años después en muchos casos esas películas no vuelven a ser vistas por nadie y se pierden en la memoria popular. No recuerdo qué ejemplo dio para el cine, pero estableció una comparación con el mundo literario que viene al caso, entre Operación Masacre, un libro que se sigue leyendo insistentemente, y Robo para la corona, un best seller absoluto de Horacio Verbitsky durante el menemato sobre la corrupción de ese entonces (y creo que sobre la Corte Suprema menemista, no voy a googlear para constatarlo pero adelante ustedes), recontra editado y que hoy no lee nadie. Puedo dar fe de que Robo para la corona es uno de los libros más fáciles de encontrar en puestos de plazas, en remesas de libros usados, y en bibliotecas de casas donde nadie lee, junto a ediciones de Wilbur Smith. Todo esto lo digo para comentar que Orden y progresismo es en un sentido un libro coyuntural, publicado en 2014 en épocas de Cristina, un libro de ensayos y de análisis político que para una de sus formas de lectura ya envejeció y va empeorando (por ejemplo, en unos años, ¿qué importancia podrá tener el 8N? Probablemente poca). Algo que Orden y progresismo no puede remediar por ejemplo es que no sabe (el libro) que un año después Macri ganaría la presidencia: pequeño detalle que resignifica muchas cosas. Pero en otro sentido, Orden y progresismo no es ni Operación Masacre ni Robo para la corona. Incluso ahora que lo pienso hay algo engañoso en el subtítulo (Los años kirchneristas), porque el libro tiene toda una dimensión ensayística que no tiene por qué envejecer, súper interesante y que abarca toda la vida argentina del autor (que nació en el '78), y que analiza tanto desde la experiencia subjetiva como desde lo macro los procesos histórico-políticos, sociales y económicos que fueron la dictadura, el alfonsinismo, el menemato, el delarruísmo, el duhaldismo, y por supuesto, el kirchnerismo que da título a la obra. Y además hay todo un capítulo dedicado al rock argentino, que nada que ver y a la vez todo que ver (porque, se pregunta Rodríguez: ¿el kirchnerismo mató al rock?).

3.
Hay algo en la escritura de Rodríguez en prosa, super parecido a la de Fabián Casas en prosa, sobre todo en los ensayos. Siendo que ambos fueron poetas en los noventas la cosa pareciera andar por ahí. Incluso seguro que formaron parte del mismo círculo. ¿Rodríguez escribió en la 18 Whiskies?: rápido googleo y descubro que no. Dice Rodríguez: “la banda de los 18 whiskies cocinaron la mitad de la década, y aparecieron los de la segunda mitad de la década con, entre muchas otras cosas, una relación diferente con la política. La primera mitad de los ’90 fue hija del desencanto alfonsinista y vivía refugiada de la aurora económica de aquellos primeros años ’90, con enormes poetas como Fabián Casas, Laura Wittner y Daniel Durand”. Supongo entonces que Rodríguez es de la segunda. Pero igual, hay algo ahí, en la extensión de los ensayos, en la estructura y en la forma de rematarlos, que se asemeja. De hecho Casas es la voz autorizada en la contratapa del libro para recomendar leer a Rodríguez. Yo soy la voz autorizada en mi blog para lo mismo (porque es mío).

4.
Bonus track que nada que ver, pero a cuento de lo de Prividera: Prividera postula que en unos años del cine de Lisandro Alonso no se va a acordar nadie. El tiempo dirá.

martes, 8 de noviembre de 2016

El 17 de octubre de 1945, de Norberto Galasso

1.
Me gusta Galasso cuando escribe porque, a diferencia de la mayoría de los historiadores, se ocupa de hacer hablar a los personajes de la historia por sí mismos, en primera persona. Este libro, así como la obra madre de la que fue extirpada, la biografía de Perón, en numerosos pasajes es un collage de fuentes primarias (entrevistas, cartas, manifiestos, cables diplomáticos, etc.) que sin demasiada explicación suplementaria forman la narración histórica de Galasso, obvio que (no puede ser de otra manera) ideológicamente orientada, pero en los hechos, irreprochablemente documentada. Eso, mal hecho, puede ser un moplo, pero Galasso es un maestro de la prosa populista y lo usa retebien. Es un golazo. Juan Perón habla mucho en primera persona y eso solo garpa porque Juan Perón es muy simpático y dice cosas como:
Sabemos que tenemos la razón y cuando un hombre avanza montado sobre la razón, no necesita espuelas.
También hablan Braden, y otros amigos como ese.

2.
Otro historiador que también arma la historia como un collage y me encanta es Frietzche (sólo leí el de los nazis que leímos casi todos los historiadores o wannabe historiadores, De alemanes a nazis) pero Frietzche hace historia social, y sus fuentes son "la gente común", no "los grandes hombres", o sea pirulo y no Hitler. Es también buenísimo, pero no tiene protagonista. En cambio Juan Perón es el protagonista indiscutible del 17 de octubre. Cualquiera podrá decirme que Frietzche es mejor historiador que Galasso y que la comparación es improcedente y soy un hijo de puta, pero (leer con voz del ratón disney) este es mi blog, y acá yo, porque yo, y este es mi cumpleaños.

3.
Como les decía antes, este librito que salió en kioscos de revistas publicado por Página/12 alrededor de la fecha del título con una tapa muy linda y muy pop de Alejandro Ros (véase foto), es en realidad un extracto de más de doscientas páginas del libro en dos tomos Perón, del mismo Norberto Galasso, editorial Colihue, que debe tener unas mil seiscientas páginas. Es re linda la tapa.




domingo, 30 de octubre de 2016

Cemento: el semillero del rock, de Nicolás Igarzábal

1.
Así como tengo un blog en el que reseño todo lo que leo, tengo un cuaderno Rivadavia, de tapas verdes y lomo tipo arcoiris, en el que guardo pegadas con Plasticola todas las entradas de recitales de toda mi vida, en orden cronológico. Hubo un momento en que empecé a ir a recitales que no daban entrada, o porque eran más under o porque eran gratis o porque yo entraba gratis, así que no es un documento completo de todas mis presencias debajo y frente a un escenario con una banda encima, pero pega en el palo. Una de las joyas del cuaderno es una entrada de Espacio Cultural Cemento, impresa en colores, que tiene con birome los siguientes datos: $6, 6/6/3, Miranda!. Yo tenía 16. Creo que fue la primera vez que fui a Cemento. También fue la primera vez que vi a Miranda!. El único disco era Es mentira! y Toto de Adicta subió a cantar "Tiempo" o "Casualidad" pero no se sabía la letra.  "Los sigo desde Cemento" es mi frase favorita para decir que conozco algo o a alguien desde antes de la fama. Se aplica a escritorxs, directorxs, lo que quieras.

También tengo una entrada de República Cromañón, que debajo del nombre del boliche reza "El nuevo espacio de Cemento". Es del recital ARDA, por la legalización del faaasooooo. Creo que tocaban Las Manos.

2. 
Cemento, de Nicolás Igarzábal, editado por Gourmet Musical (que también tiene la excelente Historia del baile de Sergio Pujol que algún día debería leer completa) es una reseña histórica, un libro de mini entrevistas, una chismografía (amo) y una investigación periodística exhaustiva sobre el boliche Cemento, los artistas que tocaron o actuaron ahí entre su creación en 1985 y su defunción por prisión de Chabán en 2004. Compuesto por capítulos de dos carillas, principalmente centrados en la experiencia de una banda o recital cada uno, y dividido en tres partes según una periodización en etapas del boliche ("1985-1989, libertinaje bizarro"; "1990-1999, trash & crash", "2000-2010, humo y escómbros"), el libro se lee a las chapas. Es notable la cantidad de entrevistados que consiguió el autor (creo que 125, contádolos a grosso modo), que se suman con los testimonios recogidos de la prensa, y es notable la disparidad de opiniones de los distintos músicos sobre el boliche y sobre Chabán. Para algunos el lugar era mágico, una casa, para otros era turbio, un asco, peligroso. Y lo mismo con Chabán, para unos era un héroe de la escena porteña, para otros era un chanta o un chorro. Y las opiniones no corresponden siempre con lo que uno esperaría en cada caso.

3.
Yo supe ser bersuitero en mis años mozos, pero no los seguí desde Cemento, no me da la edad: mi primer recital de la vida fue Bersuit en Obras el 16 de junio de 2001, la entrada salía $18 y me quise matar viendo desde la popular el pogo en el campo. Siempre tuve un morbo por el Cemento de los '90 que no conocí, los recitales de los Redondos, el estreno del disco Don Leopardo. Este libro alimentó ese morbo. Y también me gustó reconocer momentos de la última etapa del boliche, de los que en algún caso participé como extra. La edición es re linda, me salió 200 pesos, tiene fotos, y varios índices y listas al final como para satisfacer el TOC. Buen libro, recomendado.

martes, 11 de octubre de 2016

Cosmópolis, de Don DeLillo

1.
Me costó cien páginas engancharme con este libro. Cien de doscientas treinta y nueve, es demasiado. Resulta que es una novela increíble, realmente excelente, pero es difícil enterarse porque hay que superar demasiadas páginas en las que no empatizás con el protagonista, un megamultimillonario que sale en su limusina a atravesar una Nueva York ligeramente futurista y ligeramente distópica, aunque ubicada en el año 2000, en la que el tránsito parece más atascado que nunca. Un poco el ritmo en el que avanza la limusina, que parece casi quieta entre las otras limusinas y los coches y las manifestaciones y el desfile del presidente y la procesión fúnebre de un hiphopero místico y las calles inundadas, es el ritmo en el que avanza la novela, y hay que acostumbrarse primero, acompasarse al ritmo y entender qué está queriendo hacer este Don DeLillo (primera vez que lo leo) antes de que empieces a entender lo buena que está la novela, el mundo creado alrededor del personaje, lo que le está pasando a este hombre en este día y por dónde van a venir los muy increìbles giros de la historia.

2.
Hay una peli de Cronenberg, se llama Cosmópolis, actúa Robert Pattinson, la veré. Incluso está en Netflix. La veré ahora. Temo que le quite toda la magia y la poesía a los hechos inverosímiles que pueblan la novela (que es básicamente una sucesión de encuentros de nuestro protagonista con distintos personajes dentro de la Limusina, o en pequeñas pausas fuera de la misma). Ya les digo:

3.
No le quita la magia, pero tampoco le suma. No está mal adaptada. Sólo que no tiene el presupuesto para hacer la novela bien, entonces quitaron o pasaron a fuera de campo todas las escenas que hubieran implicado multitudes y superproducción. Se gastaron toda la papota en pagarle a Pattinson. No era necesario.

lunes, 3 de octubre de 2016

Libro de quejas, de Iti el Hermoso

1.
Galería Editorial, la mejor editorial del mundo, decidió abrir sus horizontes y publicar un libro de texto. Sin dibujitos. Con pocos dibujitos. Con más texto que dibujitos. Es un libro que recopila las mejores y más exitosas cartas de queja que Iti El Hermoso envío a prestigiosas corporaciones multinacionales, recibiendo contra envío cajas y bolsas de productos gratuitos. Las cartas dicen cosas como esta:

(des)Estimada empresa Unilever:
Es del mayor de mis desagrados comunicarme por segunda vez en mi vida con ustedes. Las segundas partes nunca son buenas (a excepción de El imperio Contraataca por supuesto) y está ocasión confirma la regla. Nuevamente un producto de su manufactura falla ante el intento del uso. ¿El producto? una camada NEFASTA de desodorantes REXONA. ¿El problema? Sigan leyendo.
Al apretar el botón para que el producto salga de su envase y pueda DESODORIZAR mi cuerpo, no sucede nada. Nada de nada. Como flotar en el espacio. El contenido no quiere salir del tubo como si fuese un criminal atrincherado con un arma en una casa de empanadas. LO PEOR DE TODO. Es que compré varios. Arrastrado por el animo social que proyecta una debacle económica de proporciones bíblicas, aproveché una oportunidad. Una “oferta”. COMPRE COMO 3 REXONAS QUE VINIERON FALLADOS. QUE ESTUPIDO FUI. Que estúpido y que soberbio. Creer que un chico de clase media como yo, que nunca terminó la facultad, podía sortear los problemas de billetera que atormentan a mi pueblo como una plaga de langostas libidinosas fue un error. No hay escape. Creí que había hallado petróleo en esas góndolas pero no. ESE LIQUIDO OSCURO NO ERA PETROLEO, ERA LA BILIS DE UN SISTEMA QUE ME DIGIERE COMO SI FUESE UN CUERPO EXTRAÑO EN LA DIGESTION SOCIAL(esto es una metáfora, no hubo bilis ni petróleo implicado en este acontecimiento).
Lo que me queda preguntar es:
¿POR QUÉ SU EMPRESA ME ODIA? ¿ES NECESARIO PERJUDICARME DE ESTA FORMA?

Bueno, y así sigue. ES MUY GRACIOSO. Es más gracioso verlo escribir en vivo, es impresionante porque tiene MUY POCOS errores de ortografía y tipeo. Lo de las mayúsculas es CONTAGIOSO. 

2.
El libro es gran regalo, diversión asegurada, y además es didáctico. Todos podemos reclamar y conseguir cosas gratis. Se obtiene en algunas librerías mágicas, o haciendo clic en Galería Editorial.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez

1.
Nada me da más ganas de leer un libro que el hecho de que alguien me lo recomiende especialmente, y al mismo tiempo me lo preste por iniciativa propia, lo que podríamos resumir en la frase con dos núcleos verbales: "Tenés que leer este libro, tomá". Con Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez me pasó no una sino dos veces: dos amigxs no relacionadxs entre sí (primero Andi del taller de guión autogestionado AKA La Liga de la Justicia Poética, y después Eze de jiu jitsu #BJJLIFESTYLE... ah re que el pibe ponía un hashtag en un blog #recualquieraelpibe) trajeron este libro hasta mis manos porque les había hecho pensar en mí.

2.
Justo es reconocer, por otro lado, que tampoco hay que sorprenderse tanto: Las cosas que perdimos en el fuego es un libro de esos que hacen a un buen regalo porque seguramente le vaya a gustar a cualquiera que más o menos disfrute de leer algo con lomo. Virtudes: es de cuentos cortos; es de género -de terror, pero siempre inscriptos en un cotidiano bien argentino o regional-; tiene una legibilidad a prueba de mamás. Mariana Enriquez escribe súper bien (#oficio), tiene unas ideas inquietantes y es muy buena generando imágenes y climas (#talento). Y por encima de eso, lo que a mí en particular me deja resoplando después de algunos de los relatos es el timming que tiene la Enriquez para terminarlos, no necesariamente en el desenlace, muchas veces sin la explicación Scooby Doo que nos tranquiliza aunque la última imagen sea un niño descuartizado en un charco de sangre.

3.
Hay un cuento, el último, que lleva el título del tomo, y está muy bien (ninguno me pareció que no estuviera bien), pero no es el que más me gustó. Mis preferidos fueron "Tela de araña" (puesto número 1, acá podríamos usar el numeral para lo que fue creado, #1); "El chico sucio", que abre el tomo (compite por el #1 también); "Fin de curso"; y "Verde rojo anaranjado". Y "La casa de Adela", excelente. "Los años intoxicados" también está re bueno y además es el que más remite -por las drogas y por las alucinaciones y por la música un poco- al único otro libro de la Enriquez que leí hasta ahora, su ópera prima Bajar es lo peor, escrita a los 21 años de la suprascripta, o sea hace unos veinte. Espero leer prontamente los libros que van en el medio.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El final de la modernidad judía : historia de un giro conservador, de Enzo Traverso

1.
En este LIBRAZO escrito casi que para mí, el historiador italiano Enzo Traverso (A sangre y fuego : de la guerra civil europea, 1914-1945; El totalitarismo : historia de un debate; La historia desgarrada : ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales; entre otros libros con subtítulo) parte de una premisa: la modernidad judía ha terminado. La historia de los judíos, o de la judeidad, se desarrolló de cierta manera entre la emancipación -lograda gracias a la Ilustración en casi todos los países europeos- y la Segunda Guerra Mundial. A partir del Holocausto y de la creación del Estado de Israel, ese desarrollo terminó, dando paso a otro, con nuevas definiciones de judeidad, nuevas tendencias en la historia de los judíos. Es justo aclarar que Traverso se dedica a la historia intelectual, y para Traverso, los judíos que protagonizan la historia de la modernidad judía y de su giro conservador no son ni los comerciantes, ni los obreros, ni las masas judías en general, sino los intelectuales, los pensadores, y los políticos. De alguna manera, es una historia de los grandes hombres antes que una historia social. Habría que investigar si las conclusiones a las que arriba el Enzo para con los personajes a los que se refiere en esta obra son aplicables a los judíos como grupo social, en las diferentes clases sociales en las que se inscriben en Europa y América. 

2.
Trotski y Kissinger encarnan, más allá de la distancia cronológica que los separa, dos paradigmas antinómicos de la judeidad. El primero dejó su impronta en los años de entreguerras; el segundo, en los años de la Guerra Fría. (...) Paralelamente, los rasgos distintivos de la diáspora judía -movildad, carácter urbano, textualidad, extraterritorialidad- se han extendido al mundo globalizado, contribuyendo así a normalizar a la minoría que los encarnó en el pasado. (...) La modernidad judía, por consiguiente, ha agotado su trayectoria. Después de haber sido el principal foco del pensamiento crítico del mundo occidental -en la época en que Europa era su centro-, los judíos se encuentran hoy, por una suerte de reversión paradójica, en el corazón de sus dispositivos de dominación. Los intelectuales han sido llamados al orden. (Pág. 12-13).
3.
El libro se estructura en capítulos de una forma bastante similar a como lo hace Michael Löwy (maestro de Traverso) en su GRAN LIBRO reseñado en este blog, Redención y utopía. Se define qué es la modernidad judía, se caracteriza a los judíos "subversivos" de esa época -incluyendo qué relación tenían y cómo definían éstos a su judaísmo-, se caracteriza luego a los judíos "de orden" o "de Estado", incluyendo a los judíos de Estado de la modernidad judía (como Benjamín Disraeli) y llegando a los judíos neoconservadores (Leo Strauss, Kissinger, entre otros). En dos capítulos, Traverso despliega todo el núcleo de su argumentación. Siguen luego tres capítulos que agregan o comentan el corpus. En el tercero de los capítulos del libro (y en esto me acordé de Löwy) Traverso dedica 40 páginas completas a un sólo personaje: mi amiga personal Hannah Arendt, a quien destaca como una visagra entre una época y otra, una y otra formas del judaísmo y de los (intelectuales) judíos (como Kafka y Walter Benjamin en el libro de Löwy, que no encajarían exactamente ni en el polo mesiánico ni en el polo libertario de su esquema, sino justo en el medio, uno por la negativa y el otro por la positiva). Es un capítulo hermoso. Y contiene una gran interpretación del libro más famoso y peor leído de la Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo.

4.
Después dedica un capítulo al tema de la islamofobia, que para Traverso sustituyó a la judeofobia en el rol de identidad negativa en la que sostener la identidad europea (el europeo definiéndose siempre como lo que no es ese otro, antes el judío del estereotipo antisemita, ahora el musulmán cuyo estereotipo, llama la atención Traverso, es muy similar al anterior), otro capítulo al tema del sionismo como uno de los motivos del giro conservador del judaísmo (me dio ganas de leer el libro de Ilan Pappe que vengo rehuyendo por miedo a pasarla demasiado mal), y uno más al tema del Holocausto como religión civil de los Estados occidentales. Diez Ale Schonfelds (sobre diez).



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sueños y pesadillas, de Dalia Rosetti

1.
Este me lo regaló Manu por mi cumple. Me gustó, la pasé bien. Es así como que bien rarísimo, una aventura de una chica que se llama como la autora (o sea como el pseudónimo de la escritora: Dalia Rosetti es en realidad la artista plástica Fernanda Laguna), que empieza en un baile de un colegio católico teniendo sexo con una chica de otro colegio y rápidamente pasa (a través de una chimenea) a un castillo medieval imposible, poblado de santas como las de yeso pero de carne y hueso, en un mundo de nombre Yotemia. Hay magia y hay absurdo. La aventura por momentos sigue un relato lógico, por momentos abandona las cosas para pasar a otras que nada que ver. Juegan el humor, el deseo lésbico, la poesía y la pavada en partes iguales e igualmente importantes. 

2.
Agarro una cita al azar, comienzo de capítulo cuatro, "Conocer a quién admirás":
Mi nombre es Dalia Coraje. No he nacido ni para la oración ni para la mortificación, y a la vez es lo que me sale por eso tengo tan buena reputación entre las santas. Santa Teresita, tan linda... recuerdo su rostro sexual, mirando a cámara, mirando a Dios, mirando a todos. La cámara infinita que todo lo incita y ella, una santa que se negó a todo para entregar una imagen perfecta de sí misma, a las heraldas de la pasión. Ejércitos de velas a sus pies. Encendidas las llamas del deseo. Y yo la tuve entre mis manos ya sea de yeso, ya sea de lo que fuera. La textura suave y dura de su ropaje. Mil veces quise levantarle con mis ojos su túnica cónica. No era sexo lo que yo pretendía... era amor. Era el amor perfecto de Dios a través de su santidad sexuada. Oh... Señor, tu sierva. Sólo quiero ser feliz, perfecta y dulce. Ella lo sabe y por eso es santa. Dios es el mal necesario para que sea posible su belleza. Y ahora ella aquí, parte de mi sueño real. El mal hecho carne para que la bondad sea conquistada.
Da una muestra del tono de la novela, que de todos modos es cambiante como la narración misma. Unos capítulos después de las santas, el castillo queda atrás, nos vamos a cualquier otro lado, a un bar en una ciudad balnearia donde una mafia corta pelo... en fin. Es un libro raro, muy divertido, muy lesbiano, muy ingenioso, imposible de contar siguiendo la trama (me doy cuenta ahora, escribiendo esta reseña), del que ahora (la estoy escribiendo meses después de leerlo) me quedan imagenes, escenas inconexas, bastante más que con otros libros. Banco.

sábado, 3 de septiembre de 2016

El Holocausto. El Tercer Reich y los judíos, de David Engel

1.
(Esta es una reseña que hice para la facultad.)

2.
Un encuentro entre víctimas y victimarios

El Holocausto. El Tercer Reich y los judíos, del académico estadounidense David Engel (quien se desempeña como profesor de Estudios Hebreos y Judaicos de la Universidad de Nueva York y profesor de Estudios del Holocausto de la Fundación Maurice R. y Corinne P. Greenberg), es un breve pero conciso manual histórico, que en poco más de ciento ochenta páginas que incluyen unas sesenta de aparato erudito entre selección de documentos, glosario, bibliografía y mapas, se propone dar cuenta de la historia (y en parte, del debate historiográfico) de lo que el propio autor denomina “el encuentro entre dos grupos humanos”: los nazis, y los judíos europeos que estuvieron bajo su órbita  (p. 11). Para lograr un objetivo tan ambicioso, el libro se vale, por un lado, de una estructura muy bien organizada, y por el otro, de una delimitación precisa del objeto de estudio, que gira en torno pura y exclusivamente de los tres elementos presentados en el título, dejando fuera del análisis otros temas directamente relacionados con el mismo, como ser las condiciones socioeconómicas que explican el ascenso del nazismo en Alemania. Este punto es a la vez una fortaleza y una debilidad del texto, porque si bien permite una comprensión rápida de los argumentos esgrimidos, deja algunos vacíos importantes. Sin ir más lejos, el autor explica que la mayoría de los votantes del Partido Nazi hasta 1933 no adscribían a las premisas antisemitas de Hitler y sus colaboradores, y que incluso en años posteriores la opinión pública alemana condenaba las acciones violentas contra los judíos, pero deja sin plantear la cuestión de qué elementos del programa político nazi sí le granjearon el apoyo de los alemanes como para permitir que los aspectos antisemitas pudieran ser obviados por ellos.

3.
En la primera parte (“Fundamentos”), Engel hace una brevísima historia del pueblo judío, y desarrolla sumariamente los debates principales que envuelven a todos los estudios sobre el Holocausto, es decir, los debates acerca de la singularidad del mismo versus su inscripción en el término más abarcativo de genocidio, acerca de si se debe estudiar la persecución y exterminio del pueblo judío separada de la de otras víctimas del régimen nazi, y por último acerca de la inteligibilidad o no del hecho histórico en cuestión. Si bien en aras de cierta objetividad que el autor busca mantener durante todo el libro se guarda de censurar otras posiciones, Engel se inscribe entre quienes creen perjudicial entender al Holocausto como un hecho incomprensible, y declara su intención de demostrar al lector que, a pesar del horror, la comprensión es posible y necesaria.
En la segunda parte, titulada “Análisis”, el autor desarrolla metódicamente el asunto central del libro. En primer lugar, sopesa los roles de Hitler, los nazis y los alemanes en relación con los judíos y la ideología que originó la persecución y el exterminio. A continuación, expone las políticas de persecución a los judíos que antecedieron al Holocausto, y para ello se adentra en el debate historiográfico entre intencionalistas y funcionalistas (tomando partido implícitamente por los segundos, al colocar sus argumentos siempre como respuesta a los de los primeros). A esto le siguen un capítulo sobre la respuesta judía a la persecución, otro sobre el Holocausto propiamente dicho (denominado “la matanza”), y uno último sobre la respuesta judía al mismo. Es interesante que el autor dé igual extensión en su análisis a las acciones de las víctimas y de los victimarios, o incluso quizás mayor desarrollo a las reacciones de los judíos frente a su persecución y exterminio, algo muchas veces visto en textos judíos de conmemoración pero menos hallable en textos académicos de análisis histórico.
Por último, en la tercera parte (“Evaluación”), el autor retoma su objetivo de facilitar la comprensión del Holocausto en tanto hecho histórico, y toma distancia del historiador israelí Saul Freidländer, para quien no existiría hoy en día una perspectiva más clara de la que había en 1945. Encarando, no sin originalidad, el análisis del Holocausto como el de un asesinato, Engel afirma que los medios y la oportunidad para el crimen han sido suficientemente aclarados gracias a la investigación histórica, pero concede que los motivos del mismo siguen siendo opacos.
Mención aparte merece la extensa sección de documentos históricos (fuentes primarias). Leídos de corrido, los fragmentos de discursos, notas en diarios, declaraciones testimoniales y de otros tipos que selecciona Engel sirven por sí mismos como otra historia del Holocausto. 

4.
Publicado originalmente en el año 2000 por la editorial educativa Pearson, su edición en Argentina en 2006 por Nueva Visión aparece dentro de la colección Claves, dirigida por el historiador Hugo Vezzetti. Uno de los méritos del tomo es que no da por supuesto ninguno de los hechos históricos o de los conceptos mencionados, incluso redundando entre el cuerpo del texto y el glosario, lo cual es una ventaja para quien busque un libro introductorio sobre la historia del Holocausto con un nivel de lectura universitaria o de educación media avanzada. Por otro lado, para el lector avanzado en la temática, los aportes más originales se encuentran en el foco que hace Engel en la perspectiva de las víctimas sobre su situación, cuando el libro muestra el abanico de reacciones a la persecución y a la matanza, desde la negativa a creer en los planes de exterminio cuando ya estaban sucediendo, hasta la que representa el líder del movimiento juvenil Hashomer Hatzair de Wilno, Abba Kovner, para quien siendo la muerte segura, sólo quedaba la resistencia armada como respuesta.

domingo, 28 de agosto de 2016

Judíos, de Sergio Langer

1.
Ioni Scheiness me dijo que era el libro del año. Yo era pobre, así que esperé a mi cumpleaños en julio y se lo pedí a mi viejo de regalo. Mi viejo es rico porque es judío. Ah re.

2.
Judíos es impresionante en cuán al carajo se va y en cómo se va al carajo, o sea cantidad y calidad. Langer tiene una forma del humor incorrecto que a veces no me da gracia, sólo me resulta desagradable, incómodo, a veces ni encuentro el chiste, y eso está bien, no siempre está el chiste aunque venga en forma de humor gráfico. En especial los chistes de mama Pierri, que salían o salen en la revista Barcelona, pegan la vuelta pero siguen de largo, a mi me resultan un poco repulsivos, no me gustó leerlos. Los sufro, en dos palabras. Y no digo que tenga que disfrutar para que estén buenos, solo establezco la cuestión.

3.
El libro Judíos es un híbrido, que tiene desde tiras como las de mama Pierri, pasando por ilustraciones lisas y llanas (algunas con chiste, otras no),  una historieta tipo Maus que se llama "La vida es bella" (acá abajo una página de la misma) con la narración de la historia de la familia de Langer, hasta un apéndice documental para esquivar acusaciones de antisemitismo con los papeles de sus abuelos y una carta que Langer se mandó hace años con Simon Wiesenthal. 


4.
Contraindicaciones: No apto para judíos muy sionistas o fanas del fiscal Nisman. Además, desrecomendado para goim muy goim, no van a entender la mitad de los chistes.

martes, 23 de agosto de 2016

La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz

1.
Tenía ganas de leer un libro así, con personajes que atraviesan hechos, una epopeya, en este caso una epopeya posmo. Agepé me agotó con su manifiesto oculto debajo de la capa de una novela, y el de Aira me encantó pero resultó ser un ensayo (no lo sabía antes de empezarlo). Esta vez aposté correctamente. Mi única referencia, además de su éxito editorial, era que una vez me lo recomendó Joni, a quien las cosas le gustan pocas veces, pero Joni dice que no se acuerda del libro así que capaz me lo inventé o capaz no le gustó tanto. Yo le dije que era "uno sobre República Dominicana y los dominicanos en Estados Unidos" y no se acordó con eso, así que asumo que no lo leyó y yo me inventé todo. Cualquiera que lo haya leído se va a acordar que se trata de República Dominicana. 

2.
Ya de por sí, qué desacostumbrados que estamos a que los protagonistas de los libros sean negros, como es el caso de todos los personajes de La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Por default me imagino a los personajes blancos, seguramente porque soy blanco, pero también porque ¿en cuántos libros los protagonistas no lo son? Por lo menos ¿en cuántos de los libros que llegan a las librerías en Argentina? En muy pocos. Dejo la reflexión ahí.

3.
Junot Díaz, y su personaje, Óscar, son yanquis en realidad, o dominicanos criados en Estados Unidos, y desde los Estados Unidos parte la historia. Óscar es un adolescente obeso, retraído y nerd, con unos amigos de mierda y un deseo enorme de vivir una historia de amor. Su madre es la que vivió gran parte de su vida en República Dominicana, y por los avatares de la vida, la muerte y la dictadura de Trujillo terminó reiniciando su existencia en el gran país del norte. Qué fue lo que le pasó a Beli, y por qué tuvo que huir del trujillato, lo iremos descubriendo más adelante. Porque a la manera de las grandes epopeyas, La maravillosa vida breve de Óscar Wao atraviesa la vida de tres personajes y recorre y entrecruza cinco décadas y dos países para contar una historia (la de la familia Cabral) y a la vez para contar (contarle a los yanquis en primer lugar, supongo) la historia de mierda de un país con una dictadura militar y familiar de treinta años de duración y 50.000 asesinados, apoyada cuándo no por los Estados Unidos. Es la historia del trujillato (se aprende bocha de historia) pero es más importante la historia de amor de Óscar con varias féminas, o con la vida, y de Beli con un hijo de puta, y también es una historia fantástica no les voy a contar cómo, pero es fantástico.

4.
Buen libro: entretenido nivel droga, educativo nivel Persépolis, emocionante nivel El fin de la infancia. Un montón.

sábado, 13 de agosto de 2016

Cumpleaños, de César Aira

1.
Antes era asiduo de subrayar los libros que leía (tengo Rayuela, mi biblia de la adolescencia, todo subrayado), después se me pasó. Con Cumpleaños tuve la necesidad vital de subrayar cosas geniales, o que me interpelaban directamente, como ésta:
¿Cuántos libros he leído en mi vida? Perdí la cuenta. Nunca se me ocurrió hacer listas o cálculos, y sin embargo advierto que siempre contemplé los libros bajo una luz, podría decirse, cuantitativa. (p. 41)
Sorprendentemente dirigida  a mí, esta cita. Yo no hago listas pero tengo un blog en el que reseño todo lo que leo que tenga forma de libro. Y sigue en la página siguiente con esta genialidad:
Los libros leídos, por supuesto, también son experiencias vividas, y la suma de todos los libros que uno ha leído también lo hacen único en ese aspecto. Esa "biblioteca" personal nunca es igual a la de otro; podría serlo, por una grandísima casualidad, si uno ha leído unos pocos libros y se ha limitado a lo convencional; pero con cada libro nuevo que se lee las probabilidades de coincidencia disminuyen exponencialmente. (...) No podría pretender que ése sea el objetivo, pero mi afán por seguir leyendo, al azar, cualquier cosa, libro tras libro, buenos y malos, es como si obedeciera a la intención de asegurarme de que la "cifra" que dé al final mi experiencia de lector sea absolutamente única y sin igual. (p. 42)
Faaaaaa. Otra:
La vida de los desconocidos tiene reglas propias, siempre distintas, y el que quiere deducirlas a partir de un encuentro casual se pierde en un océano de conjeturas. (p. 51-52)
 Taaaa bueeeenaaaa. Otra:
En mi fase más extremista, llegué a considerar oscurantista el mero hecho de pensar por uno mismo. En realidad, sigo opinando lo mismo: el saber está en los libros, no en lo que uno pueda elucubrar. Los que piensan, se merecen sus errores. (p. 54)
Standing ovation. Otra:
(...) nos despertamos por separado, según nuestro ritmo o necesidad o capricho... pero nos despertamos a la realidad, que es un gran acontecimiento colectivo en el que participa todo el mundo.
No me refiero sólo al sueño propiamente dicho sino a toda clase de ausencia, como volver de unas vacaciones en la playa o salir de la cárcel, y más aún a todas las distracciones o estados de concentración intensa o cegueras parciales... Y en esas categorías entra casi todo, la vida está hecha de ellas. (p. 66)
Doble standing ovation para esa. Otras, por orden de aparición:
La humanidad sigue siendo mi exacta contemporánea. (p. 69)
La transvaloración del trabajo es una de las muchas cosas que me asombra. Otra es la desmaquiavelización de la política del Estado. Súbitamente, al Estado se lo ha empezado a juzgar por un canon de virtudes privadas, primera y principal la honestidad. (...) Supongo que eso se debe a que ahora los asuntos públicos los deciden las corporaciones, y al Estado no le queda más función que dar un modelo de perfección ética, como la corte imperial china. (también p. 69)
(Este libro es de 1999, que gran reflexión del Estado neoliberal y de la opinión pública en los '90s, y qué curiosa además a raíz de lo que pasó desde entonces, pasando por la recuperación del Estado de la década kirchnerista y la oposición honestista -que no es lo mismo que honesta- al estilo Carrió-Stolbizer. Sobre el honestismo, el venido a menos Caparrós dice algo piola en este video).

Acá una justificación de por qué a veces sus finales son tan horrorosamente malos (como en la primera novela suya, que me hizo odiarlo un tiempo largo, El pequeño monje budista):
...el mismo hastío y vergüenza de lo que estaba haciendo me convencía de que una vez terminada esa novela en proceso podía morirme; antes no, porque nadie iba a saber cómo terminarla. Así que me precipitaba hacia el fin, y siempre llegaba antes de lo que esperaba (a costa de la calidad, es cierto), y como marca de alivio le ponía la fecha al pie. (p. 97-98)
Hay un par más, pero me cansé de tipear.

2.
Cumpleaños es un ensayo, o varios ensayos, contextuados en un libro escrito como una especie de diario, que comienza con Aira visitando su ciudad natal, Coronel Pringles, a pocos días de su cumpleaños número cincuenta. Es un librito breve, de letra grande, editado por Debolsillo, debe ser barato imagino y vale cada peso, es maravilloso y la pasé re bien. Este libro lo ligué gracias al juego ese de Facebook de la estafa piramidal por la cual vos regalabas un libro a alguien y recibías siete en teoría: yo recibí sólo dos, uno es este y el otro lo regalé el mismo día que lo recibí, pero dos libros al precio de regalar uno es un gran negocio así que puedo decir que el juego funciona, igual que las estafas piramidales.

lunes, 8 de agosto de 2016

Injuria, de Apegé

1.
Lo leí en un día. Es una novela de setenta y pico de páginas, dividida en tres partes que parecen cuentos, y narra la historia de un tipo de 35 años, periodista, homosexual sufriente, alcohólico, al que no le pasa casi nada pero soliloquia mucho. Para ser justos le pasa esto: en su vida cotidiana, anodina, buscando tema para escribir en el diario en el que trabaja, el personaje se encuentra con la noticia de una travesti muerta en un parque. Eso le dispara el deseo, casi que sólo sugerido, de escribir sobre la travesti, de escribir un libro incluso sobre las travestis y sus muertes violentas, pero sobre todo le dispara una serie de recuerdos. Digo que no pasa casi nada porque no hay acción en la novela: esa historia no se escribe, por caso. Al personaje que recuerda sólo le pasa que recuerda. Y dentro de los recuerdos también hay pocas acciones: el único evento fuerte es una fiesta de 15 en el campo, y es muy poco. Pasa en un párrafo. O también, un encuentro sexual furtivo, hay varios narrados pero este tiene más carnadura, en el que el presunto compañero sexual se descubre un asaltante, le roba, lo humilla, se va. Pero casi todo es anécdota difuminada, sin terminar, sin remate, o contada de forma abstracta y lírica. Una lírica que a mí no me gusta, pero ahí entra lo personal, no digo que no. 

2.
Ya me declaré en contra -como lector, en principio- de la homosexualidad literaria sufriente, alguna vez en una reseña sobre un libro de Lemebel. Es algo generacional, obviamente, que nosotros veamos hoy a la homosexualidad desde otro punto de vista: tenemos muchos -muchísimos- menos motivos para sufrir los que somos homosexuales en el siglo XXI en la Argentina (o el Uruguay, como es el caso de Apegé y de su personaje) que los que lo fueron en el siglo XX, como Lemebel. En el caso de Lemebel es una cuestión de gusto, de nuevo: no me interesa leerlo sufrir y quejarse, victimizarse. Pero lo admiro, me gusta leerlo en casi todos los casos y son pocos los textos que no me gustaron por este motivo. Y Lemebel vivió en el siglo XX: en el XXI triunfó, fue una diva y murió. (Ya conté en algún lado la anécdota de mi amigo que viajó a Chile a entrevistar a Lemebel y no pudo porque el escritor le tendió una trampa, lo mandó a hablar con una amiga suya de la que dijo era su representante: luego la amiga estaba muerta: luego Lemebel no le dio la entrevista a mi amigo por no saber que la mencionada amiga estaba muerta. Veanse mis reseñas sobre Lemebel). Bueno, Apegé (acrónimo de Álvaro Pérez García) nació en el '74, vivió bastante en el XX, por lo menos su infancia y adolescencia. No quiero juzgar su necesidad de catarsis, ni sus impresiones sobre el dolor de ser gay en Uruguay. Pero hay algo que no me cierra.

3.
El propio Apegé me contesta en una entrevista que acabo de encontrar googleando:
Me crié en un sistema donde la homosexualidad era una deformación. Es imposible zafar de eso. Si tenés alrededor de cuarenta años estás golpeado por eso, herido. Y está bien decirlo. Estamos heridos, nos dolió, ¿qué problema hay en aceptarlo? Las marcas están ahí, cicatrizan de a ratos, a veces vuelven a supurar un poquito. ¿Qué problema hay en reconocerlo, por qué tenemos que ceder a una cosa celebratoria, a un mandato a la alegría? (http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-2532-2012-07-18.html)
Lo que dice en la pregunta anterior también me contesta y está bien: "Me parece que nos salteamos la etapa de narrar el dolor. Se pasó del ocultamiento, la culpa y el conflicto de los uruguayos con la sexualidad a la batalla por los derechos: la igualdad ante la ley y las reformas jurídicas."

4.
¿Entonces? ¿Me desdigo? No, es más complicado que eso. Porque si bien estoy de acuerdo con la premisa de narrar el dolor, no me interesan como lector las historias de dolor sin redención (en un sentido secular lo digo). Pero a otro le puede interesar. Vaya, usted, señorx Otro, y saque sus propias conclusiones.

Maldición eterna a quien lea estas páginas de Manuel Puig

1.
Me gustaria ser un experto en Puig pero en realidad no lo soy porque leí pocas cosas del sujeto: Boquitas pintadas en el secundario, Cae la noche tropical en el ingreso al IUNA, algunas obras de teatro y El beso de la mujer araña. Igual me la puedo dar de experto en Puig porque me cita Wikipedia (véase la referencia 23 acá).

2.
Esta novela, de grandioso título, está en el orden de El beso y Cae la noche, novelas en las que como lector estás atrapado en el punto de vista de dos personajes que hablan, sin narrador omnisciente, sin descripciones, sin didascalias ni nada, todo el contexto puesto en el diálogo en presente de dos personajes a los que les tenés que ir sacando la ficha por los diálogos. En este caso tenemos, en un comienzo, al señor Ramírez, un anciano argentino con amnesia, exiliado político en Nueva York, y a Larry, el hombre contratado por el asilo para sacarlo a pasear en silla de ruedas, un joven estadounidense con problemas de dinero, ex académico, ahora deprimido. El viejo es insoportable, hace un poco densa la lectura que sea tan hijo de puta. Dificulta la cosita esta llamada empatía. Después de unas cuantas decenas de páginas ya te enganchás y empezás a leer con gusto y con intriga, pero hay que pasar el invierno. Es un 9 igual, pero en cuanto al rubro diversión/entretenimiento/pasarla bien es un 7 como máximo. Además es cero queer, lamentablemente.

3.
Nada que ver pero ya que estamos: en estos tiempos vi finalmente la película del argentino autoexiliado en Brasil (igual que Puig) Héctor Babenco, la adaptación de la novela (y obra de teatro) El beso de la mujer araña. Está buenísima.

sábado, 6 de agosto de 2016

Las primas, de Aurora Venturini

1.
Está muy bueno. Muy muy muy bueno.

2.
Aurora Venturini fue noticia y muchos lo habrán leído, pero al mayoría de la gente no lee nada así que ni se deben haber enterado, brutos, ignorantes. El resumen es este: Nació en 1922, era de La Plata, escribió ya siendo joven, tuvo moderado reconocimiento, Borges le dio un premio menor, fue amiga de Evita, con la Fusiladora se exilia a París, donde se codea con Sartre, Ionesco, y otros. Traduce al Conde de Lautremont. Aquí es olvidada. A sus 85 años se presenta con un seudónimo (Beatriz Portinari, por la de Dante) a un premio literario y gana revelación con esta novela, Las primas. Vive hasta los 92, en 2015. En esos 7 años se reedita toda su obra, obtiene la fama que no había tenido, hacen su peli (Beatriz Portinari, un documental sobre Aurora Venturini). Pedazo de biografía. Hay más cameos de figurones. Por ejemplo, estuvo casada con el historiador peronista Fermín Chávez. 

3.
La novela es realmente desconcertante. Empieza en el grotesco más sórdido, en la voz de una chica que se autodenomina retardada, que habla de su hermana, más retardada aún, y de cómo se caga encima. Y desde ahí, esta protagonista que se llama Yuna y nunca se considera normal, va escalando, saliendo del pozo de la subnormalidad (gracias al arte), y en el proceso cuenta toda su vida, y la de toda su familia, su madre, su hermana, sus primas (en especial su prima enana prostituta). La novela va dejando el grotesco y entrando en otras lides. Es muy raro. Hasta la gramática va cambiando a lo largo del libro, que es bastante breve por cierto. Recomiendo realmente.

4.
Aurora Venturini dice en esta entrevista que Las primas es ella, porque "Nosotros no éramos normales. En casa todas mis hermanas eran retardadas... Y yo también". Le amo. Dejamos acá.

miércoles, 27 de julio de 2016

Una cena muy original, de Fernando Pessoa

1.
Hola. Hoy estoy en crítico de ediciones hincha pelotas, están avisados. Ahí va: Este es un libro muy chiquito de Interzona, forma parte de una colección que se llama Zona de Tesoros. Lamentablemente, ni en el libro, ni en la página de Internet de la editorial hay una descripción de la colección: ameritaría, porque en este caso por ejemplo hay una serie de referencias a tener en cuenta (símbolos para palabra ilegible, añadida por el editor, y espacio en el original) pero me falta la explicación de por qué tenemos palabras ilegibles. ¿Son cuentos inéditos de Pessoa? ¿Son tesoros porque son manuscritos poco publicados, o qué onda? Por otro lado, el libro tiene dos cuentos. El primero es el del título. El segundo es "La puerta", y aparece firmado por Alexander Search. Yo creo saber, porque alguna vez leí en algún lado, que Pessoa escribía con muchos seudónimos según géneros literarios. Creo. Pero no lo sé, y en la edición no aclara en ningún lado si Search es Pessoa o qué onda. (Confirmado: es. Gracias Wikipedia). La edición está hermosa, es una chetada, pero le falta información. Viendo los títulos de la colección deducimos que está dedicada a autores del siglo XIX o de comienzos del XX o clásicos, asumo que siempre textos breves, pero no sabemos qué otro criterio de edición siguieron los muchachos de Interzona (y/o de la editorial Verdehalago que coedita). ¿Qué pesado que estoy no?

2.
"Una cena muy original" es un cuento en dos capítulos. Está escrito al estilo de Poe, podríamos decir. Es bien decimonónico todo lo que cuenta y todo lo que pasa. Es un cuento de horror, podríamos decir. Tiene un sustrato racista tipo positivista tipo siglo XIX tipo nah. Los negros son perversos por naturaleza y debemos temerles. El remate de la historia es obvio desde casi el comienzo, pero bueno, no pasa nada. Está escrito divinamente.

3.
"La puerta", por su parte, es un cuento de horror psicológico, más decimonónico aún (no sé cuándo fueron escritos los dos cuentos eh, capaz en el XX), en este caso a la Guy de Maupassant. No está bueno, pero por lo menos no es racista.

sábado, 16 de julio de 2016

El azul es un color cálido, de Julie Maroh

1.
La novela gráfica francesa del año 2010 en que se basa bastante literalmente la película también francesa de 2013 La vida de Adèle. Si vieron la película, ya saben: es una historia de amor, entre dos chicas, una adolescente que descubre que le gustan las mujeres y una estudiante universitaria con el pelo azul. Se aman profundamente, luego tienen idas y vueltas, en fin, una historia de amor. El comienzo de la acción transcurre en Lille, durante los años '90: luego una hermosa elípsis nos traslada a años más recientes, y luego termina. El final de la película, recuerdo, era bello y sencillo y posible. El final de la historieta es una vergüenza.


2.
Los autores toman decisiones, y esas decisiones pueden ser ideológicas. En el melodrama, la heroína (porque generalmente es una mujer) transgrede una norma en plan de ser feliz, pero al final, irremediablemente, el melodrama la castiga por su transgresión. Como en la tragedia pero sin dioses. El azul es un color cálido es un melodrama dibujado: tiene un claro mensaje contra la homofobia y por la libertad de pensar y de desear lo que a unx se le cante, y al mismo tiempo tiene sin embargo un final reaccionario, en el sentido en que es reaccionario el final en los melodramas, que no lo tiene la película.
AHORA TE CUENTO EL FINAL SPOILER ALERT:

viernes, 15 de julio de 2016

Christine, de Stephen King

1.
Este me lo robé de la instalación que había en el MAMBA, esa misma que se cayó encima de una mujer embarazada y que el gobierno porteño trató de ocultar. No creo que se haya caído por mi culpa igual.

2.
La edición esta que leí yo es del '84, un año después de la original en inglés, y la traducción es de César Aira. ¿Zarpado, no? Igual no sé qué le suma al libro que la traducción haya sido de Aira. Me parece que debía ser un trabajo más que tenía el hombre en esos años y que lo hacía cumpliendo con ser correcto, nada más. Incluso tuve la oportunidad de corroborar, el otro día, que en donde Aira puso "chupa-caca", en el original en inglés dice "kaka-sucker".

3.
Todavía estoy entrando en esto de Stephen King pero podría plantear la hipótesis preliminar de que hay por lo menos dos épocas: lo viejo o clásico (70s, 80s)  y lo más nuevo o moderno (90s para acá). Hasta ahora leí Pet Sematary (clásico) y La historia de Lisey (moderno), y éste, Christine, que estaría con los clásicos también, y no veo los patrones. Necesitaría leer otro moderno para decirles, pero me parece que en los clásicos hay más profusión de sangre. Lo que sí puedo decir desde ya es que en ningún caso podés saber si el o los protagonistas se van a cagar muriendo o no, lo cuál es muy importante. 

4.
Sinopsis: Dennis Guilder cuenta en primera persona la historia de su amigo Arnie Cunningham, el perdedor del secundario, en su último año de escuela. Resulta que Arnie, con granos y una tendencia a ser golpeado por los bullyies del colegio de Libertyville, se compra en el verano un auto de los 50s que parece un muy mal negocio. Se lo vende un viejo perverso, que parece estar estafándolo. Obviamente, hay algo raro en todo el asunto. Y el auto se llama Christine. ¿Es nada más y nada menos que una historia de un auto embrujado? SÍ. ¿Es eso acaso algo malo? PARA NADA. ¿Stephen King lo hace de nuevo? SÍ. Si bien al principio me pareció que no podía llegar a mucho con una premisa tan básica como un auto embrujado, el tipo usa la idea para ramificarla para todos lados, con recovecos realmente oscuros e inesperados acerca del por qué y el cómo del fenómeno paranormal. Hay unos cuantos giros inesperadísimos.

5.
La versión cinematográfica es de John Carpenter y me la estoy bajando. Parece bastante falopa.


miércoles, 22 de junio de 2016

Zama, de Antonio Di Benedetto

1.
Diez aleschonfelds para Zama (1956) de Antonio Di Benedetto. Son 240 páginas el ejemplar de la edición vieja de Alianza (1990) que es la que me tocó en suerte leer. En la tapa, escrachado con birome, dice "Piridium 1 c/6 horas" junto al nombre del autor y "961-9207", debajo de la colección. Un número de teléfono obviamente, sin el 4, es decir anterior al 24 de enero de 1999. Me lo prestó Rosalba, capaz lo escribió ella en su infancia temprana.

2.
Alguien habrá hecho ya, espero, una clasificación de los escritores según las variables éxito/fracaso reconocimiento/rechazo trascendencia/olvido, y la habrá expresado en una tabla: Di Benedetto ha de encontrarse entonces entre los que fueron exitosos y reconocidos (si agregamos intesidades a la clasificación diremos que medianamente), luego olvidados, y luego (ahora, en los últimos años) recuperados por la crítica y el mercado. Se reeditaron varios de sus libros, salieron los cuentos completos y ya hay dos películas estrenadas sobre novelas de Di Benedetto (Los Suicidas de Villegas y Aballay de Spiner). Por si esto fuera poco, está por salir en algún momento la adaptación que hizo de Zama la salteña Lucrecia Martel. Sin embargo, no encuentro entrada sobre esta novela en Wikipedia: elocuente signo. Me pregunto por qué habrá sido olvidado: capaz por pajuerano, los circuitos, vaya uno a saber. Antonio Di Benedetto nació en Mendoza en 1922 y murió tres meses después de que yo naciera, en 1986. Tuvo una vida bien cagada a palos, medio como Zama, y eso que la novela es de sus años mozos.

3.
Zama es una novela en tres partes que se trata en principio de un hombre que espera, en las postrimerías de la época colonial y en el Virreinato del Río de la Plata, un ascenso. Está escrita en un registro increíble, existencialista e históricamente informado al mismo tiempo, un quilombo. El tercer párrafo de todos, por ejemplo, dice así:
Con su pequeña ola y sus remolinos sin salida, iba y venía, con precisión, un mono muerto, todavía completo y no descompuesto. El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje, que él no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono. El agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no, y ahí estábamos.
 Ahí estábamos, por irnos y no.
De la trama como siempre prefiero no adelantar nada, pero es notable cómo ésta cambia bastante a lo largo de la novela, incluso de género literario, de temática, y que incluso tenga micro cuentos entre sus líneas principales (como el del detenido y la mujer con un ala de murciélago, o el de Manuel Fernández y su libro), pero que a la vez sea una autopista hacia un final estratégico, premio aparte. Ai repit: diez aleschonfelds.