martes, 14 de febrero de 2017

El mendigo chupapija, de Pablo Pérez

1.
Feliz día de los enamorados.

2.
Hace poco leí Un año sin amor: diario del sida de Pablo Pérez, que es un diario íntimo novelado de este escritor, y me gustó. Había visto hace años la versión cinematográfica de Anahí Berneri. El mendigo chupapija también tiene su versión cinematográfica, un cortometraje del propio Pérez, que estuvo en un papifi pero no pude ver ni encuentro en Internet. Y además El mendigo chupapija fue antes un folletín fotocopiado y difundido por partes entre 1998 y 1999. A pesar de lo que su título indica, El mendigo chupapija no se trata casi de un mendigo chupapija. Empieza por ahí, pero después es una novela porno leather (sin mendigos), después por momentos es un diario íntimo, de pronto agarra la tercera persona y Pablo empieza a hablar de Pablo... por momentos entra en un mundo de fantasías y por otros parece tan "basado en hechos reales" como la novela/diario Un año sin amor. Hay personajes y situaciones que están en los dos libros, curiosamente como Bukowski cuando de una novela a otra repite escenas pero cambiadas, y uno intuye que las más repetidas puede que sean las más reales por eso mismo. Igual que Un año sin amor, termina con el cambio de año, en un caso el '97, en el otro el 2000, y también, como dice Trerotola en esta nota y no había notado, termina con la feminización de Pablo. En Un año sin amor, en la última entrada del diario Pablo está disfrazado de mujer por el año nuevo. En El mendigo chupapija es la sumisión a un nuevo amo protector lo que feminiza al personaje.

3.
Editado por Mansalva en 2006, todavía hay unos ejemplares en la librería La Internacional Argentina de la calle Padilla que mencionaba en la reseña de Blatt de acá abajito.

jueves, 9 de febrero de 2017

Mi juventud unida, de Mariano Blatt

1.
por el influjo de este libro soñé, ahora hace un rato, antes de leer las dos últimas páginas del último poema, en un sueño más largo en el que también había una boa constrictor con patas tipo cocodrilo, soñé que estaba con un amigo (¿Tomer?) teniendo que llegar a un micro, nuestra última oportunidad para salir de ahí (¿estábamos en Brasil?) y llegar a Lobos, un lugar que no conozco pero que Mariano Blatt parece que sí. Yo le preguntaba a ¿Tomer? qué había en Lobos y él me contaba que a Lobos era a donde uno llevaba su avión en lugar de abandonarlo, para que no se le arruinara la chapa, pero que una vez que lo llevabas no lo podías sacar más. "Un hangar", decía yo. La sensación era la de que en Lobos, sólo en el hangar se estaba seguro: afuera era una lluvia de balas.

2.
Maia me dijo que este libro era re para mí. O sea, que la poesía de Mariano Blatt era re para mí. No me siento muy original por eso, pero sí, era re para mí. Me sentí muy indentificado.

3.
El libro es hermoso, y si bien me gustó más la poesía de los primeros años (leer cosas de 2005, 2006, 2007, etc. me hizo pensar constantemente en dónde estaba yo en esos años) y la de los últimos, y menos la de los años del medio (porque Mi juventud unida es la poesía reunida que Mariano Blatt escribió entre sus 22 y sus 31 años), es todo muy hermoso. Llamativo eso: no hay casi, en los nueve años de poeía reunida, poemas oscuros, nada bajón: Blatt escribe poemas brillantes, en el sentido literal de la palabra brillo (otra que está mucho en su puesía), o sea luminosos, o sea felices, incluso cuando se nota que recubren una tristeza los poemas del libro son luminosos. Hasta el desamor es luminoso.

4.
Está muy a buen precio, este libro, menos de 300 pe cuando tiene más de 250 pa, y en la librería La Internacional Argentina de Padilla entre Serrano y Gurruchaga hay descuento de entre el 10% y el 20 % (a más libros, mayor el descuento) en todos los de Mansalva.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Madre soltera, de Marina Yuszczuk

1.
Es un poema largo, o setenta y siete poemas cortos, por los que la autora ganó un premio en 2013 y que fueron editados por Mansalva, en 58 páginas. Es muy muy hermoso.

2.
Lloré dos veces. Una vez en el medio (dice Marina: "ahora presten atención, porque llegamos al centro del libro. O quizás no es el centro; más bien, algo como un lugar de paso:"), y otro al final (con el poema de 2011, "La ola de frío polar"). Las dos veces en colectivos. Cuando me río en voz alta en los colectivos por algo que estoy leyendo, miro discretamente alrededor a ver si la gente siente curiosidad o no de lo que estoy leyendo (y casi nunca nadie me devuelve la mirada). Pero cuando lloro leyendo en colectivos no miro. Prefiero que no me vean, aunque en el fondo me enorgullece, me parece igual de noble.

martes, 31 de enero de 2017

Porno, de Irvine Welsh

1.
Cuando me enteré que iba a salir T2, la secuela de Trainspotting, con el cast original y la dirección del mismo Dany Boyle, me pareció que antes de verla tenía que leer Porno de Irvine Welsh. Irvine es el autor de la novela Trainspotting, de 1993, en la que se basó la película homónima de 1996. Irvine escribió la secuela de su novela en 2002, casi diez años después, y sitúa la acción exactamente diez años después de los hechos de la primera. ¿Qué pasó con el traidor de Renton después de rajarse con la guita de sus amigos? ¿Qué pasó con Sickboy, y con Begbie, y con el nabo de Spud? Al final no vi la película, pero la novela está bárbara. En castellano son 595 páginas de lunfardo madrileño yonqui (no es tan grave pero hay que acostumbrarse), entretenimiento, drogas, golpizas, sexo y diversión. Tampoco es mucho más que eso pero está muy bien. Y ta. 

martes, 17 de enero de 2017

Papapop, de Ariel López V.

1.
El argentino premiado en Anguleme Ariel López V. sacó este libro de postales (con troquelado para usarlas como postales si uno quisera recurrir a tan pretérita costumbre) que es más lindo que la mierda. En esta nota de la Inrrockuptibles el autor cuenta de qué va la cosa. Y en este tumblr se pueden ver muchas de las postales que dieron origen al libro (y otras que no están en él). Da para colgarse mirando.
Mi favorita del libro es la del Sapo Pepe de pepa.



2.
El libro lo pueden comprar por acá.


sábado, 14 de enero de 2017

Adiós, mundo cruel, de Andrés Alberto

1.
Galería Editorial publicó el segundo libro del bahiense Andrés Alberto para beneplécito del mundo. Tiene chiste hasta en la tapa.

2.
Este no está en el libro pero es muy bueno.


3.
¡Cómprenlo!

domingo, 1 de enero de 2017

Obras completas (y otros cuentos), de Augusto Monterroso

1.
Monterroso es guatemalteco y es conocido por un microcuento que si mal no recuerdo me enseñaron en el secundario porque en una frase esconde comienzo, nudo y desenlace:
El dinosaurio
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
2.
Este librito de Anagrama tiene este y otros cuentos un poco más largos de Monterroso. Algunos me parecieron un poco viejos, como por ejemplo el primero, "Mr. Taylor", que es una parodia de las repúblicas bananeras, o "Primera dama", que un poco también. Me quedaron en los setenta estos cuentos. Me gustaron "No quiero engañarlos", en el que la esposa de un productor agarra el micrófono frente al público en un estreno cinematográfico y no puede dejar de hablar, porque "cuando olvidaba mi parte y por qué estaba allí, lo que se me ocurría era inventar algo y hablar y hablar cualquier cosa para no quedarme callada como una tonta", y también "Leopoldo (sus trabajos)", sobre un escritor que no escribió nada en treinta años, porque se está documentando para un posible cuento, o porque se distrae pensando en otros argumentos para posibles cuentos, o etc. Se ve el patrón de los que me gustaron, bueno, parece que ese es el modus de Monterroso. Simpático me resultó.

martes, 20 de diciembre de 2016

Las nubes, de Juan José Saer

1.
NO HABÍA LEÍDO A SAER OK? Bueno, es capo.

2.
Como es lo primero que leo de Saer, no tengo punto de comparación y no sé cuán Saer es esta novela. Es de 1997, es la anteúltima novela que sacó (la última es La grande, de 2005), y me faltará investigar si es una escritura muy distinta a la de sus comienzos en los '60s. Por ejemplo, desconozco si Saer solía escribir novelas de época. Esta sucede en 1804, por caso, aunque comienza en el presente, cuando alguien que vendría a ser el escritor, asumo que el propio Saer, recibe en París un disquette (sí, un disquette) con el manuscrito de lo que leemos a continuación, el relato en primera persona del doctor Real, un proto-psiquiatra que a fines de la época colonial funda junto al austriaco Dr. Weiss una casa de salud mental cerca de Buenos Aires. El joven Dr. Real debe trasladar a cinco pacientes desde Santa Fe hasta la clínica, y lo que debería haber sido un viaje de quince días se convierte en una espera de meses y un viaje de largas semanas.

3.
Ahora bien, lo que sí puedo decir es que Las nubes guarda un notable parentezco con Zama de Di Benedetto (1956), al punto de que diría que Las nubes es una versión de Zama, o un Zama reescrito por Saer. Similitudes: la época en que está situado; un personaje extranjero que espera en una ciudad de poca monta (o con ojos de extranjero, en este caso el Dr. Real es un argentino, incluso un entrerriano, pero que no siente ya ningún lazo de cercanía con su patria y que incluso escribe desde la España de 1830 lo que recuerda de su aventura); el caso de la monjita lasciva y el jardinero detenido en espera de su condena a muerte, que se parece al caso en Zama del hombre que mató a su mujer; el caso del Dr. Weiss perseguido por un marido despechado. Ahora procedo a googlear "las nubes saer zama". Dice Saer en 1973:

Si los críticos de habla española hablaran de los buenos libros y no de los libros más vendidos y más publicitados, de los libros que trabajan deliberadamente contra su tiempo y no de los que tratan de halagar a toda costa el gusto contemporáneo, Zama hubiese ocupado en las letras de habla española, desde su aparición, el lugar que merece y que ya empieza, de un modo silencioso, lento y férreo, a ocupar: uno de los primeros. Zama es superior a la mayor parte de las novelas que se han escrito en los últimos treinta años, pero ninguna buena novela latinoamericana es superior a Zama.
Zama no se rebaja a la demagogia de lo maravilloso ni a la ilustración de tesis sociológicas; no se obstina en repetirnos las viejas crónicas familiares que marchitan la novela burguesa desde el siglo XIX; no divide la realidad, que es problemática, en naciones; no da al lector lo que el lector espera de antemano, porque los prejuicios de la época hayan condicionado a su autor induciéndolo a escribir lo que su público le impone; no honra revoluciones ni héroes de extracción dudosa, y sin embargo, a pesar de su austeridad, de su laconismo, por ser la novela de la espera y de la soledad, no hace sino representar a su modo, oblicuamente, la condición profunda de América...

(Lo saco de acá).
Así que lo había leído por lo menos.

4.
Mi ejemplar está firmado por Saer. Aunque no para mí, sino para el anterior propietario del libro, el arquitecto Osvaldo Giesso, afectuosamente.


lunes, 12 de diciembre de 2016

El cine y lo que queda de mí, de Hernán Musaluppi y Pablo Chernov

1.
Llego un poco tarde a un libro que tiene algo de coyuntural, podría decirse. El cine y lo que queda de mí es un libro de 2012, escrito por el productor cinematográfico Hernán Musaluppi (Rizoma) en colaboración con Pablo Chernov (y la colaboración consiste en que Chernov, por momentos, asume el timón del libro y habla en primera persona y en primer plano). Es un libro raro, publicado por Capital Intelectual en una colección que se llama Confesiones, pero que se presenta en principio como un texto sobre la producción de películas. Dice Musaluppi: "En el comienzo, tuve la intención de generar un texto teórico a partir de la experiencia práctica (...) Con el correr del tiempo y de las sucesivas reescrituras, el cine fue perdiendo terreno ante la irrupción de textos híbridos, menos técnicos, pero más personales y reflexivos". Esos textos a veces no hablan de cine, ni lo rozan, salvo en la persona de Musaluppi. Así que el libro es como un ensayo sobre la producción de cine en Argentina, que incluye voces de otros productores, mezclado con anécdotas sobre cine argentino, chismes, y todo eso mezclado con relatos autobiográficos de Musaluppi, sus depresiones, su afición al rock and roll, entre otras cosas. El libro fue medio un boom dentro del ambiente audiovisual argentino en su momento, porque Musaluppi es uno de los productores importantes de nuestro país (fue el productor de Rejtman y de Trapero en los '90s, y después en los 2000 fundó Rizoma y produjo cosas como El custodio, Un novio para mi mujer, entre otras) y porque en el libro le pega fuerte a algunos nombres (en especial a Santiago Mitre, de El estudiante, y a Fadel, de Los salvajes, directores que por algún motivo o pertenencia de clase pueden sustraerse del apoyo del INCAA para producir y que hacen una especie de militancia de eso) y a algunos rubros. Ejemplo: "Los programadores y los críticos, al igual que los funcionarios y los representantes de actores (estos últimos estarían en el círculo más bajo del Infierno de Dante) trabajan con material que no les es propio: la obra de un tercero. Y, como consecuencia de ello, ejercen una profesión en la que no existe el riesgo. (...) Los programadores, salvo escasas excepciones, viven de seleccionar las películas de sus amigos, o las que 'hay que elegir' por moda o por compromiso, o aquellas que les garantizan la continuidad en sus viajes de curaduría barata alrededor del mundo y se convencen de que, de esa manera, lograrán construir un espacio duradero de poder". 

2.
Igual lo que más me gustó fue la aventura tucumana de la productora Sazy Salim, que con anécdotas como esta que relata Pablo Chernov, o la que me contó ella una vez sobre su breve experiencia de incógnito como Sazy Salimsky para producir El rey del Once de Daniel Burman, debería tener un libro propio.

3.
Acá hay un fragmento del libro: http://www.elamante.com/noticias/1679/

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El primer hombre malo, de Miranda July

1.
Este libro es excelente muy espectacular. Manso libro.

2.
No, en serio. Empieza medio raro, no se entiende si es un fiasco (pero es Miranda July, no puede ser un fiasco, a ella la queremos), algo en la traducción en neutro te la baja (cita rándom: "me apresuré por el estacionamiento con el móvil en las manos"). El comienzo es arduo y no sólo por la traducción: primero cuesta entrar en el código y resulta forzado, el humor parece chapucero, la protagonista parece una boluda. Hasta que -SUDDENLY- tiene lugar el primer giro de los acontecimientos. Todo, lo que ya venís leído, se enturbia. La historia se pone kinki. Y luego más tarde se pone de amor, y después se vuelve de amor y sordidez, y después de amor de nuevo pero en serio re sentido re enternecedor o tiernizador. Por lo menos a mí (que quizás soy un lector un poco ingenuo pero no por completo) me parecieron increíbles los giros.

3.
Notable lo buena que es Miranda haciendo cada cosa que hace en sí misma, sean películas, libros, perfos. Me refiero a que El primer hombre malo es muy genuinamente una novela, para nada es una película escrita o un guión en prosa (aunque sería una buena película, pero eso bien mirado pasa con todos los libros).

4.
Cheryl y Clee, qué personajes la puta madre. Y en particular, qué pormenorizado el personaje de Cheryl. Analogía interdisciplinaria: no sé si vieron Ponyo. En Ponyo (y en Totoro) me parece alucinante el detalle y la verosimilitud de los movimientos y las reacciones de los personajes-nene-chiquito. Están dibujados pero parecen reales, es lo que más me asombra de los superpoderes de Hayao Miyazaki y lo mejor logrado que le vi en ese sentido es este niño Sousuke de Gake no ue no Ponyo también conocida como Poño el niño pez (que es una niña, ¿por qué entonces el niño pez?).
Con Cheryl me pasa algo similar. Podría pensar que las reacciones de Cheryl a cada uno de los acontecimientos que se le imponen -o que se autoinflinge- en la novela son el motor de la quetejedi y la causa de mi asombro.

5.
Me gustó mucho. La re banco a la Miranda July. La trama no se las cuento porque es mejor entrar sin saber nada de nada.

lunes, 28 de noviembre de 2016

La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq

1.
Dicen que es malo, dicen que es largo y difícil de terminar, dicen que no se entiende nada. Releo ahora el comienzo del libro, antes de que empiece la Primera parte. Hay una frase, después de tres carillas de párrafos inentendibles: "No quiero manteneros fuera de este libro; sois, vivos o muertos, lectores". La cursiva es del original. La cuestión es que Michel es capo: lo que no se entiende al comienzo se vuelve pristino cuando se tienen las claves necesarias, bastante avanzada la lectura. Hay que ponerse las botas y entrarle a La posibilidad de una isla, con confianza en que Houellebecq no te va a dejar en la estacada, que todo o casi tiene un porqué. 

2.
La posibilidad de una isla no es ni malo ni difícil de entender, es por el contrario excelente (aunque no el mejor, sin duda tampoco es el peor, que sigue siendo Lanzarote), y es largo (el más largo de M.H., 439 p.) pero si te enganchás no querés que se termine. Obvio, no es para cualquiera. Muchos pueden perder el interés y dejarlo a las cien páginas. Pero hay que saber que Michel siempre paga.

3.
Esta es quizás la novela más de ciencia ficción de todas. Igual que en Las partículas elementales, El mapa y el territorio o incluso Sumisión, la historia comienza en la Francia contemporánea, y a medida que se interna en el futuro van apareciendo los elementos de ciencia ficción. En este caso, la narración sucede en dos tiempos: el presente, narrado en primera persona por Daniel 1, y el futuro muy remoto, narrado en primera persona por Daniel 24, clon en vigésimo cuarta generación de Daniel 1. No es spoiler contar este detalle, que hace la diferencia con los otros abordajes de la sci fi que hace Houellebecq.  Daniel 24 escribe porque tiene que leer y comentar (es costumbre, obligación religiosa y forma de terapia en el futuro de Daniel 24) la "historia de vida" de su antecesor originario, Daniel 1. Lo mismo hacen en el futuro todos los clones con las historias de vida de sus antecesores respectivos. Entonces, como nuestro punto de vista como lectores es el de estos dos narradores, tenemos que esperar las pistas que se nos van ofreciendo, o el desarrollo de los acontecimientos, para entender cómo llegamos del 1 al 24. Cómo llegó la humanidad a una forma de la vida eterna. Pero al mismo tiempo, como suele suceder en Houellebecq y por eso lo amo, lo épico sublime mindblowing coexiste en el mismo grado de importancia con lo patético cotidiano, lo obsceno y lo triste. En Daniel 1 hay capítulos que son casi que sólamente pornográficos, aunque eso también tenga una función en el relato (Houellebecq, manipulador del lector). Incluso, en el relato de Daniel 1, Houellebecq se toma su tiempo y un poco más quizás para llegar a donde quiere llegar, para llegar de la novela sobre un tipo deprimido que a veces coje y a veces no (otra vez esa novela) a la novela sobre la vida eterna, y por eso digo que no me sorprende que muchos la abandonen incluso habiendo leído arriba de las cien páginas. Pero eso es también parte del encanto. En esta novela, la longitud juega como un elemento más de afección al lector. No sé simesplico.

4.
Una cosa más. Creo que en ningún otro libro como en este Houellebecq fue más políticamente incorrecto, con respecto a las mujeres, con respecto a las religiones (en este libro sí es, inconfundiblemente, islamofóbico) y no me acuerdo con respecto a qué más. Llega a pasarse un poco de la raya, sin llegar a pegar la vuelta. En su defensa sólo puedo decir que este libro es del 2005, y que como ya comentamos en la reseña de Sumisión después como que pensó un poco más, leyó el Corán, y dejó de ser tan imbécil.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Orden y progresismo: los años kirchneristas, de Martín Rodríguez

1.
Mi columnista político favorito del momento, Martín Rodríguez, que también es poeta y del que ya hablamos en esta otra reseña. En este momento escribe en Panamá Revista, en La Política Online, en Le Monde diplomatique y en su cuenta de twitter.  

2.
Hace poco asistí a una clase de Nicolás Prividera (académico y director de cine, a quien admiro fuerte, como consta en esta reseña de su desconocido libro de poesía Restos de restos), y Prividera hablando de cine argentino, explicaba que hay películas que en el momento de su aparición parecen parteaguas en la filmografía nacional, todo el mundo las ve, o habla de ellas: años después en muchos casos esas películas no vuelven a ser vistas por nadie y se pierden en la memoria popular. No recuerdo qué ejemplo dio para el cine, pero estableció una comparación con el mundo literario que viene al caso, entre Operación Masacre, un libro que se sigue leyendo insistentemente, y Robo para la corona, un best seller absoluto de Horacio Verbitsky durante el menemato sobre la corrupción de ese entonces (y creo que sobre la Corte Suprema menemista, no voy a googlear para constatarlo pero adelante ustedes), recontra editado y que hoy no lee nadie. Puedo dar fe de que Robo para la corona es uno de los libros más fáciles de encontrar en puestos de plazas, en remesas de libros usados, y en bibliotecas de casas donde nadie lee, junto a ediciones de Wilbur Smith. Todo esto lo digo para comentar que Orden y progresismo es en un sentido un libro coyuntural, publicado en 2014 en épocas de Cristina, un libro de ensayos y de análisis político que para una de sus formas de lectura ya envejeció y va empeorando (por ejemplo, en unos años, ¿qué importancia podrá tener el 8N? Probablemente poca). Algo que Orden y progresismo no puede remediar por ejemplo es que no sabe (el libro) que un año después Macri ganaría la presidencia: pequeño detalle que resignifica muchas cosas. Pero en otro sentido, Orden y progresismo no es ni Operación Masacre ni Robo para la corona. Incluso ahora que lo pienso hay algo engañoso en el subtítulo (Los años kirchneristas), porque el libro tiene toda una dimensión ensayística que no tiene por qué envejecer, súper interesante y que abarca toda la vida argentina del autor (que nació en el '78), y que analiza tanto desde la experiencia subjetiva como desde lo macro los procesos histórico-políticos, sociales y económicos que fueron la dictadura, el alfonsinismo, el menemato, el delarruísmo, el duhaldismo, y por supuesto, el kirchnerismo que da título a la obra. Y además hay todo un capítulo dedicado al rock argentino, que nada que ver y a la vez todo que ver (porque, se pregunta Rodríguez: ¿el kirchnerismo mató al rock?).

3.
Hay algo en la escritura de Rodríguez en prosa, super parecido a la de Fabián Casas en prosa, sobre todo en los ensayos. Siendo que ambos fueron poetas en los noventas la cosa pareciera andar por ahí. Incluso seguro que formaron parte del mismo círculo. ¿Rodríguez escribió en la 18 Whiskies?: rápido googleo y descubro que no. Dice Rodríguez: “la banda de los 18 whiskies cocinaron la mitad de la década, y aparecieron los de la segunda mitad de la década con, entre muchas otras cosas, una relación diferente con la política. La primera mitad de los ’90 fue hija del desencanto alfonsinista y vivía refugiada de la aurora económica de aquellos primeros años ’90, con enormes poetas como Fabián Casas, Laura Wittner y Daniel Durand”. Supongo entonces que Rodríguez es de la segunda. Pero igual, hay algo ahí, en la extensión de los ensayos, en la estructura y en la forma de rematarlos, que se asemeja. De hecho Casas es la voz autorizada en la contratapa del libro para recomendar leer a Rodríguez. Yo soy la voz autorizada en mi blog para lo mismo (porque es mío).

4.
Bonus track que nada que ver, pero a cuento de lo de Prividera: Prividera postula que en unos años del cine de Lisandro Alonso no se va a acordar nadie. El tiempo dirá.

martes, 8 de noviembre de 2016

El 17 de octubre de 1945, de Norberto Galasso

1.
Me gusta Galasso cuando escribe porque, a diferencia de la mayoría de los historiadores, se ocupa de hacer hablar a los personajes de la historia por sí mismos, en primera persona. Este libro, así como la obra madre de la que fue extirpada, la biografía de Perón, en numerosos pasajes es un collage de fuentes primarias (entrevistas, cartas, manifiestos, cables diplomáticos, etc.) que sin demasiada explicación suplementaria forman la narración histórica de Galasso, obvio que (no puede ser de otra manera) ideológicamente orientada, pero en los hechos, irreprochablemente documentada. Eso, mal hecho, puede ser un moplo, pero Galasso es un maestro de la prosa populista y lo usa retebien. Es un golazo. Juan Perón habla mucho en primera persona y eso solo garpa porque Juan Perón es muy simpático y dice cosas como:
Sabemos que tenemos la razón y cuando un hombre avanza montado sobre la razón, no necesita espuelas.
También hablan Braden, y otros amigos como ese.

2.
Otro historiador que también arma la historia como un collage y me encanta es Frietzche (sólo leí el de los nazis que leímos casi todos los historiadores o wannabe historiadores, De alemanes a nazis) pero Frietzche hace historia social, y sus fuentes son "la gente común", no "los grandes hombres", o sea pirulo y no Hitler. Es también buenísimo, pero no tiene protagonista. En cambio Juan Perón es el protagonista indiscutible del 17 de octubre. Cualquiera podrá decirme que Frietzche es mejor historiador que Galasso y que la comparación es improcedente y soy un hijo de puta, pero (leer con voz del ratón disney) este es mi blog, y acá yo, porque yo, y este es mi cumpleaños.

3.
Como les decía antes, este librito que salió en kioscos de revistas publicado por Página/12 alrededor de la fecha del título con una tapa muy linda y muy pop de Alejandro Ros (véase foto), es en realidad un extracto de más de doscientas páginas del libro en dos tomos Perón, del mismo Norberto Galasso, editorial Colihue, que debe tener unas mil seiscientas páginas. Es re linda la tapa.




domingo, 30 de octubre de 2016

Cemento: el semillero del rock, de Nicolás Igarzábal

1.
Así como tengo un blog en el que reseño todo lo que leo, tengo un cuaderno Rivadavia, de tapas verdes y lomo tipo arcoiris, en el que guardo pegadas con Plasticola todas las entradas de recitales de toda mi vida, en orden cronológico. Hubo un momento en que empecé a ir a recitales que no daban entrada, o porque eran más under o porque eran gratis o porque yo entraba gratis, así que no es un documento completo de todas mis presencias debajo y frente a un escenario con una banda encima, pero pega en el palo. Una de las joyas del cuaderno es una entrada de Espacio Cultural Cemento, impresa en colores, que tiene con birome los siguientes datos: $6, 6/6/3, Miranda!. Yo tenía 16. Creo que fue la primera vez que fui a Cemento. También fue la primera vez que vi a Miranda!. El único disco era Es mentira! y Toto de Adicta subió a cantar "Tiempo" o "Casualidad" pero no se sabía la letra.  "Los sigo desde Cemento" es mi frase favorita para decir que conozco algo o a alguien desde antes de la fama. Se aplica a escritorxs, directorxs, lo que quieras.

También tengo una entrada de República Cromañón, que debajo del nombre del boliche reza "El nuevo espacio de Cemento". Es del recital ARDA, por la legalización del faaasooooo. Creo que tocaban Las Manos.

2. 
Cemento, de Nicolás Igarzábal, editado por Gourmet Musical (que también tiene la excelente Historia del baile de Sergio Pujol que algún día debería leer completa) es una reseña histórica, un libro de mini entrevistas, una chismografía (amo) y una investigación periodística exhaustiva sobre el boliche Cemento, los artistas que tocaron o actuaron ahí entre su creación en 1985 y su defunción por prisión de Chabán en 2004. Compuesto por capítulos de dos carillas, principalmente centrados en la experiencia de una banda o recital cada uno, y dividido en tres partes según una periodización en etapas del boliche ("1985-1989, libertinaje bizarro"; "1990-1999, trash & crash", "2000-2010, humo y escómbros"), el libro se lee a las chapas. Es notable la cantidad de entrevistados que consiguió el autor (creo que 125, contádolos a grosso modo), que se suman con los testimonios recogidos de la prensa, y es notable la disparidad de opiniones de los distintos músicos sobre el boliche y sobre Chabán. Para algunos el lugar era mágico, una casa, para otros era turbio, un asco, peligroso. Y lo mismo con Chabán, para unos era un héroe de la escena porteña, para otros era un chanta o un chorro. Y las opiniones no corresponden siempre con lo que uno esperaría en cada caso.

3.
Yo supe ser bersuitero en mis años mozos, pero no los seguí desde Cemento, no me da la edad: mi primer recital de la vida fue Bersuit en Obras el 16 de junio de 2001, la entrada salía $18 y me quise matar viendo desde la popular el pogo en el campo. Siempre tuve un morbo por el Cemento de los '90 que no conocí, los recitales de los Redondos, el estreno del disco Don Leopardo. Este libro alimentó ese morbo. Y también me gustó reconocer momentos de la última etapa del boliche, de los que en algún caso participé como extra. La edición es re linda, me salió 200 pesos, tiene fotos, y varios índices y listas al final como para satisfacer el TOC. Buen libro, recomendado.

martes, 11 de octubre de 2016

Cosmópolis, de Don DeLillo

1.
Me costó cien páginas engancharme con este libro. Cien de doscientas treinta y nueve, es demasiado. Resulta que es una novela increíble, realmente excelente, pero es difícil enterarse porque hay que superar demasiadas páginas en las que no empatizás con el protagonista, un megamultimillonario que sale en su limusina a atravesar una Nueva York ligeramente futurista y ligeramente distópica, aunque ubicada en el año 2000, en la que el tránsito parece más atascado que nunca. Un poco el ritmo en el que avanza la limusina, que parece casi quieta entre las otras limusinas y los coches y las manifestaciones y el desfile del presidente y la procesión fúnebre de un hiphopero místico y las calles inundadas, es el ritmo en el que avanza la novela, y hay que acostumbrarse primero, acompasarse al ritmo y entender qué está queriendo hacer este Don DeLillo (primera vez que lo leo) antes de que empieces a entender lo buena que está la novela, el mundo creado alrededor del personaje, lo que le está pasando a este hombre en este día y por dónde van a venir los muy increìbles giros de la historia.

2.
Hay una peli de Cronenberg, se llama Cosmópolis, actúa Robert Pattinson, la veré. Incluso está en Netflix. La veré ahora. Temo que le quite toda la magia y la poesía a los hechos inverosímiles que pueblan la novela (que es básicamente una sucesión de encuentros de nuestro protagonista con distintos personajes dentro de la Limusina, o en pequeñas pausas fuera de la misma). Ya les digo:

3.
No le quita la magia, pero tampoco le suma. No está mal adaptada. Sólo que no tiene el presupuesto para hacer la novela bien, entonces quitaron o pasaron a fuera de campo todas las escenas que hubieran implicado multitudes y superproducción. Se gastaron toda la papota en pagarle a Pattinson. No era necesario.

lunes, 3 de octubre de 2016

Libro de quejas, de Iti el Hermoso

1.
Galería Editorial, la mejor editorial del mundo, decidió abrir sus horizontes y publicar un libro de texto. Sin dibujitos. Con pocos dibujitos. Con más texto que dibujitos. Es un libro que recopila las mejores y más exitosas cartas de queja que Iti El Hermoso envío a prestigiosas corporaciones multinacionales, recibiendo contra envío cajas y bolsas de productos gratuitos. Las cartas dicen cosas como esta:

(des)Estimada empresa Unilever:
Es del mayor de mis desagrados comunicarme por segunda vez en mi vida con ustedes. Las segundas partes nunca son buenas (a excepción de El imperio Contraataca por supuesto) y está ocasión confirma la regla. Nuevamente un producto de su manufactura falla ante el intento del uso. ¿El producto? una camada NEFASTA de desodorantes REXONA. ¿El problema? Sigan leyendo.
Al apretar el botón para que el producto salga de su envase y pueda DESODORIZAR mi cuerpo, no sucede nada. Nada de nada. Como flotar en el espacio. El contenido no quiere salir del tubo como si fuese un criminal atrincherado con un arma en una casa de empanadas. LO PEOR DE TODO. Es que compré varios. Arrastrado por el animo social que proyecta una debacle económica de proporciones bíblicas, aproveché una oportunidad. Una “oferta”. COMPRE COMO 3 REXONAS QUE VINIERON FALLADOS. QUE ESTUPIDO FUI. Que estúpido y que soberbio. Creer que un chico de clase media como yo, que nunca terminó la facultad, podía sortear los problemas de billetera que atormentan a mi pueblo como una plaga de langostas libidinosas fue un error. No hay escape. Creí que había hallado petróleo en esas góndolas pero no. ESE LIQUIDO OSCURO NO ERA PETROLEO, ERA LA BILIS DE UN SISTEMA QUE ME DIGIERE COMO SI FUESE UN CUERPO EXTRAÑO EN LA DIGESTION SOCIAL(esto es una metáfora, no hubo bilis ni petróleo implicado en este acontecimiento).
Lo que me queda preguntar es:
¿POR QUÉ SU EMPRESA ME ODIA? ¿ES NECESARIO PERJUDICARME DE ESTA FORMA?

Bueno, y así sigue. ES MUY GRACIOSO. Es más gracioso verlo escribir en vivo, es impresionante porque tiene MUY POCOS errores de ortografía y tipeo. Lo de las mayúsculas es CONTAGIOSO. 

2.
El libro es gran regalo, diversión asegurada, y además es didáctico. Todos podemos reclamar y conseguir cosas gratis. Se obtiene en algunas librerías mágicas, o haciendo clic en Galería Editorial.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez

1.
Nada me da más ganas de leer un libro que el hecho de que alguien me lo recomiende especialmente, y al mismo tiempo me lo preste por iniciativa propia, lo que podríamos resumir en la frase con dos núcleos verbales: "Tenés que leer este libro, tomá". Con Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez me pasó no una sino dos veces: dos amigxs no relacionadxs entre sí (primero Andi del taller de guión autogestionado AKA La Liga de la Justicia Poética, y después Eze de jiu jitsu #BJJLIFESTYLE... ah re que el pibe ponía un hashtag en un blog #recualquieraelpibe) trajeron este libro hasta mis manos porque les había hecho pensar en mí.

2.
Justo es reconocer, por otro lado, que tampoco hay que sorprenderse tanto: Las cosas que perdimos en el fuego es un libro de esos que hacen a un buen regalo porque seguramente le vaya a gustar a cualquiera que más o menos disfrute de leer algo con lomo. Virtudes: es de cuentos cortos; es de género -de terror, pero siempre inscriptos en un cotidiano bien argentino o regional-; tiene una legibilidad a prueba de mamás. Mariana Enriquez escribe súper bien (#oficio), tiene unas ideas inquietantes y es muy buena generando imágenes y climas (#talento). Y por encima de eso, lo que a mí en particular me deja resoplando después de algunos de los relatos es el timming que tiene la Enriquez para terminarlos, no necesariamente en el desenlace, muchas veces sin la explicación Scooby Doo que nos tranquiliza aunque la última imagen sea un niño descuartizado en un charco de sangre.

3.
Hay un cuento, el último, que lleva el título del tomo, y está muy bien (ninguno me pareció que no estuviera bien), pero no es el que más me gustó. Mis preferidos fueron "Tela de araña" (puesto número 1, acá podríamos usar el numeral para lo que fue creado, #1); "El chico sucio", que abre el tomo (compite por el #1 también); "Fin de curso"; y "Verde rojo anaranjado". Y "La casa de Adela", excelente. "Los años intoxicados" también está re bueno y además es el que más remite -por las drogas y por las alucinaciones y por la música un poco- al único otro libro de la Enriquez que leí hasta ahora, su ópera prima Bajar es lo peor, escrita a los 21 años de la suprascripta, o sea hace unos veinte. Espero leer prontamente los libros que van en el medio.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El final de la modernidad judía : historia de un giro conservador, de Enzo Traverso

1.
En este LIBRAZO escrito casi que para mí, el historiador italiano Enzo Traverso (A sangre y fuego : de la guerra civil europea, 1914-1945; El totalitarismo : historia de un debate; La historia desgarrada : ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales; entre otros libros con subtítulo) parte de una premisa: la modernidad judía ha terminado. La historia de los judíos, o de la judeidad, se desarrolló de cierta manera entre la emancipación -lograda gracias a la Ilustración en casi todos los países europeos- y la Segunda Guerra Mundial. A partir del Holocausto y de la creación del Estado de Israel, ese desarrollo terminó, dando paso a otro, con nuevas definiciones de judeidad, nuevas tendencias en la historia de los judíos. Es justo aclarar que Traverso se dedica a la historia intelectual, y para Traverso, los judíos que protagonizan la historia de la modernidad judía y de su giro conservador no son ni los comerciantes, ni los obreros, ni las masas judías en general, sino los intelectuales, los pensadores, y los políticos. De alguna manera, es una historia de los grandes hombres antes que una historia social. Habría que investigar si las conclusiones a las que arriba el Enzo para con los personajes a los que se refiere en esta obra son aplicables a los judíos como grupo social, en las diferentes clases sociales en las que se inscriben en Europa y América. 

2.
Trotski y Kissinger encarnan, más allá de la distancia cronológica que los separa, dos paradigmas antinómicos de la judeidad. El primero dejó su impronta en los años de entreguerras; el segundo, en los años de la Guerra Fría. (...) Paralelamente, los rasgos distintivos de la diáspora judía -movildad, carácter urbano, textualidad, extraterritorialidad- se han extendido al mundo globalizado, contribuyendo así a normalizar a la minoría que los encarnó en el pasado. (...) La modernidad judía, por consiguiente, ha agotado su trayectoria. Después de haber sido el principal foco del pensamiento crítico del mundo occidental -en la época en que Europa era su centro-, los judíos se encuentran hoy, por una suerte de reversión paradójica, en el corazón de sus dispositivos de dominación. Los intelectuales han sido llamados al orden. (Pág. 12-13).
3.
El libro se estructura en capítulos de una forma bastante similar a como lo hace Michael Löwy (maestro de Traverso) en su GRAN LIBRO reseñado en este blog, Redención y utopía. Se define qué es la modernidad judía, se caracteriza a los judíos "subversivos" de esa época -incluyendo qué relación tenían y cómo definían éstos a su judaísmo-, se caracteriza luego a los judíos "de orden" o "de Estado", incluyendo a los judíos de Estado de la modernidad judía (como Benjamín Disraeli) y llegando a los judíos neoconservadores (Leo Strauss, Kissinger, entre otros). En dos capítulos, Traverso despliega todo el núcleo de su argumentación. Siguen luego tres capítulos que agregan o comentan el corpus. En el tercero de los capítulos del libro (y en esto me acordé de Löwy) Traverso dedica 40 páginas completas a un sólo personaje: mi amiga personal Hannah Arendt, a quien destaca como una visagra entre una época y otra, una y otra formas del judaísmo y de los (intelectuales) judíos (como Kafka y Walter Benjamin en el libro de Löwy, que no encajarían exactamente ni en el polo mesiánico ni en el polo libertario de su esquema, sino justo en el medio, uno por la negativa y el otro por la positiva). Es un capítulo hermoso. Y contiene una gran interpretación del libro más famoso y peor leído de la Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo.

4.
Después dedica un capítulo al tema de la islamofobia, que para Traverso sustituyó a la judeofobia en el rol de identidad negativa en la que sostener la identidad europea (el europeo definiéndose siempre como lo que no es ese otro, antes el judío del estereotipo antisemita, ahora el musulmán cuyo estereotipo, llama la atención Traverso, es muy similar al anterior), otro capítulo al tema del sionismo como uno de los motivos del giro conservador del judaísmo (me dio ganas de leer el libro de Ilan Pappe que vengo rehuyendo por miedo a pasarla demasiado mal), y uno más al tema del Holocausto como religión civil de los Estados occidentales. Diez Ale Schonfelds (sobre diez).



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sueños y pesadillas, de Dalia Rosetti

1.
Este me lo regaló Manu por mi cumple. Me gustó, la pasé bien. Es así como que bien rarísimo, una aventura de una chica que se llama como la autora (o sea como el pseudónimo de la escritora: Dalia Rosetti es en realidad la artista plástica Fernanda Laguna), que empieza en un baile de un colegio católico teniendo sexo con una chica de otro colegio y rápidamente pasa (a través de una chimenea) a un castillo medieval imposible, poblado de santas como las de yeso pero de carne y hueso, en un mundo de nombre Yotemia. Hay magia y hay absurdo. La aventura por momentos sigue un relato lógico, por momentos abandona las cosas para pasar a otras que nada que ver. Juegan el humor, el deseo lésbico, la poesía y la pavada en partes iguales e igualmente importantes. 

2.
Agarro una cita al azar, comienzo de capítulo cuatro, "Conocer a quién admirás":
Mi nombre es Dalia Coraje. No he nacido ni para la oración ni para la mortificación, y a la vez es lo que me sale por eso tengo tan buena reputación entre las santas. Santa Teresita, tan linda... recuerdo su rostro sexual, mirando a cámara, mirando a Dios, mirando a todos. La cámara infinita que todo lo incita y ella, una santa que se negó a todo para entregar una imagen perfecta de sí misma, a las heraldas de la pasión. Ejércitos de velas a sus pies. Encendidas las llamas del deseo. Y yo la tuve entre mis manos ya sea de yeso, ya sea de lo que fuera. La textura suave y dura de su ropaje. Mil veces quise levantarle con mis ojos su túnica cónica. No era sexo lo que yo pretendía... era amor. Era el amor perfecto de Dios a través de su santidad sexuada. Oh... Señor, tu sierva. Sólo quiero ser feliz, perfecta y dulce. Ella lo sabe y por eso es santa. Dios es el mal necesario para que sea posible su belleza. Y ahora ella aquí, parte de mi sueño real. El mal hecho carne para que la bondad sea conquistada.
Da una muestra del tono de la novela, que de todos modos es cambiante como la narración misma. Unos capítulos después de las santas, el castillo queda atrás, nos vamos a cualquier otro lado, a un bar en una ciudad balnearia donde una mafia corta pelo... en fin. Es un libro raro, muy divertido, muy lesbiano, muy ingenioso, imposible de contar siguiendo la trama (me doy cuenta ahora, escribiendo esta reseña), del que ahora (la estoy escribiendo meses después de leerlo) me quedan imagenes, escenas inconexas, bastante más que con otros libros. Banco.

sábado, 3 de septiembre de 2016

El Holocausto. El Tercer Reich y los judíos, de David Engel

1.
(Esta es una reseña que hice para la facultad.)

2.
Un encuentro entre víctimas y victimarios

El Holocausto. El Tercer Reich y los judíos, del académico estadounidense David Engel (quien se desempeña como profesor de Estudios Hebreos y Judaicos de la Universidad de Nueva York y profesor de Estudios del Holocausto de la Fundación Maurice R. y Corinne P. Greenberg), es un breve pero conciso manual histórico, que en poco más de ciento ochenta páginas que incluyen unas sesenta de aparato erudito entre selección de documentos, glosario, bibliografía y mapas, se propone dar cuenta de la historia (y en parte, del debate historiográfico) de lo que el propio autor denomina “el encuentro entre dos grupos humanos”: los nazis, y los judíos europeos que estuvieron bajo su órbita  (p. 11). Para lograr un objetivo tan ambicioso, el libro se vale, por un lado, de una estructura muy bien organizada, y por el otro, de una delimitación precisa del objeto de estudio, que gira en torno pura y exclusivamente de los tres elementos presentados en el título, dejando fuera del análisis otros temas directamente relacionados con el mismo, como ser las condiciones socioeconómicas que explican el ascenso del nazismo en Alemania. Este punto es a la vez una fortaleza y una debilidad del texto, porque si bien permite una comprensión rápida de los argumentos esgrimidos, deja algunos vacíos importantes. Sin ir más lejos, el autor explica que la mayoría de los votantes del Partido Nazi hasta 1933 no adscribían a las premisas antisemitas de Hitler y sus colaboradores, y que incluso en años posteriores la opinión pública alemana condenaba las acciones violentas contra los judíos, pero deja sin plantear la cuestión de qué elementos del programa político nazi sí le granjearon el apoyo de los alemanes como para permitir que los aspectos antisemitas pudieran ser obviados por ellos.

3.
En la primera parte (“Fundamentos”), Engel hace una brevísima historia del pueblo judío, y desarrolla sumariamente los debates principales que envuelven a todos los estudios sobre el Holocausto, es decir, los debates acerca de la singularidad del mismo versus su inscripción en el término más abarcativo de genocidio, acerca de si se debe estudiar la persecución y exterminio del pueblo judío separada de la de otras víctimas del régimen nazi, y por último acerca de la inteligibilidad o no del hecho histórico en cuestión. Si bien en aras de cierta objetividad que el autor busca mantener durante todo el libro se guarda de censurar otras posiciones, Engel se inscribe entre quienes creen perjudicial entender al Holocausto como un hecho incomprensible, y declara su intención de demostrar al lector que, a pesar del horror, la comprensión es posible y necesaria.
En la segunda parte, titulada “Análisis”, el autor desarrolla metódicamente el asunto central del libro. En primer lugar, sopesa los roles de Hitler, los nazis y los alemanes en relación con los judíos y la ideología que originó la persecución y el exterminio. A continuación, expone las políticas de persecución a los judíos que antecedieron al Holocausto, y para ello se adentra en el debate historiográfico entre intencionalistas y funcionalistas (tomando partido implícitamente por los segundos, al colocar sus argumentos siempre como respuesta a los de los primeros). A esto le siguen un capítulo sobre la respuesta judía a la persecución, otro sobre el Holocausto propiamente dicho (denominado “la matanza”), y uno último sobre la respuesta judía al mismo. Es interesante que el autor dé igual extensión en su análisis a las acciones de las víctimas y de los victimarios, o incluso quizás mayor desarrollo a las reacciones de los judíos frente a su persecución y exterminio, algo muchas veces visto en textos judíos de conmemoración pero menos hallable en textos académicos de análisis histórico.
Por último, en la tercera parte (“Evaluación”), el autor retoma su objetivo de facilitar la comprensión del Holocausto en tanto hecho histórico, y toma distancia del historiador israelí Saul Freidländer, para quien no existiría hoy en día una perspectiva más clara de la que había en 1945. Encarando, no sin originalidad, el análisis del Holocausto como el de un asesinato, Engel afirma que los medios y la oportunidad para el crimen han sido suficientemente aclarados gracias a la investigación histórica, pero concede que los motivos del mismo siguen siendo opacos.
Mención aparte merece la extensa sección de documentos históricos (fuentes primarias). Leídos de corrido, los fragmentos de discursos, notas en diarios, declaraciones testimoniales y de otros tipos que selecciona Engel sirven por sí mismos como otra historia del Holocausto. 

4.
Publicado originalmente en el año 2000 por la editorial educativa Pearson, su edición en Argentina en 2006 por Nueva Visión aparece dentro de la colección Claves, dirigida por el historiador Hugo Vezzetti. Uno de los méritos del tomo es que no da por supuesto ninguno de los hechos históricos o de los conceptos mencionados, incluso redundando entre el cuerpo del texto y el glosario, lo cual es una ventaja para quien busque un libro introductorio sobre la historia del Holocausto con un nivel de lectura universitaria o de educación media avanzada. Por otro lado, para el lector avanzado en la temática, los aportes más originales se encuentran en el foco que hace Engel en la perspectiva de las víctimas sobre su situación, cuando el libro muestra el abanico de reacciones a la persecución y a la matanza, desde la negativa a creer en los planes de exterminio cuando ya estaban sucediendo, hasta la que representa el líder del movimiento juvenil Hashomer Hatzair de Wilno, Abba Kovner, para quien siendo la muerte segura, sólo quedaba la resistencia armada como respuesta.